En un intenso cruce de mensajes al inicio de este 2026, el jefe de Estado defendió su gestión ambiental y cuestionó el historial de derechos humanos del uribismo.

El 2026 inició con una fuerte sacudida en el panorama político colombiano. En lo que ya se perfila como el primer gran enfrentamiento mediático del año, el presidente Gustavo Petro respondió con dureza a los señalamientos del exmandatario Álvaro Uribe Vélez, quien comparó la actual administración con los regímenes de Cuba y Venezuela.
A través de sus redes sociales, Petro rechazó la asociación con figuras como Fidel Castro, Hugo Chávez o Nicolás Maduro, argumentando que su enfoque gubernamental dista radicalmente de los modelos extractivistas.
La controversia escaló cuando Petro utilizó la política energética como escudo y espada. “Hermano Álvaro, Castro y Chávez han muerto hace varios años atrás y Maduro, en su política petrolera, se ha parecido más a usted que a mí”, sentenció el primer mandatario.
Petro enfatizó que, a diferencia de Maduro y de los gobiernos anteriores en Colombia, su administración busca desestimular la extracción de carbón y petróleo para combatir la crisis climática, marcando una distancia técnica con el modelo venezolano.
El intercambio no se limitó a la economía. El presidente Petro revivió las críticas hacia el legado de seguridad de la era uribista, cuestionando la calidad de la democracia durante esos años.
“Usted habla de acabar la democracia en mi gobierno, pero en el suyo hubo hasta 6.402 jóvenes inocentes asesinados”, afirmó Petro, haciendo referencia a las cifras de ejecuciones extrajudiciales, conocidas como ‘falsos positivos’. Asimismo, extendió sus críticas al periodo de Iván Duque, mencionando la represión y detenciones durante las protestas sociales.
Pese a los intentos de diálogo que se vieron en el pasado entre la Casa de Nariño y el Centro Democrático, este último intercambio deja claro que la relación entre los líderes de la izquierda y la derecha está totalmente fracturada.
Con este choque de trenes, Colombia arranca un 2026 marcado por la polarización y el debate sobre la memoria histórica y el futuro energético del país.