Alfonso Vélez Jaramillo
El terremoto del pasado 10 de agosto, SI es un campanazo de alerta para las autoridades y todos los habitantes del Huila y el Sur del país.
No estamos ante cualquier hecho, es el segundo movimiento telúrico más fuerte de los últimos 100 años en el territorio colombiano.
Duró 90 segundos, es el más fuerte desde hace 47 años y gracias a la divina providencia, en el Huila por fortuna, no causó víctimas mortales.
Sin embargo, se reportaron daños en la infraestructura de un número cercano a 50 instituciones educativas del departamento.
El Servicio Geológico Colombiano SGC advirtió que tuvo una magnitud 7,4 y una profundidad de 103 kilómetros.
Con justa razón, el Huila de manera expresa está en el Decreto 1171 del 11 de agosto, que declaró la situación de Desastre de Carácter Nacional, firmado por el Ministro de Hacienda Miguel Gómez Martínez.
Ahora les corresponde a nuestras autoridades hacer valer este derecho para que la acción del gobierno nacional se haga realidad y puedan recuperarse los centros educativos.
La norma establece un plan de acción específico para la recuperación, con base en la evaluación de los daños y el análisis de necesidades por sector y nivel territorial.
Incluye a los departamentos de Antioquia, Caldas, Cauca, Chocó, Quindío, Cundinamarca, Risaralda, Valle del Cauca, Tolima, Putumayo, Norte de Santander y Huila.
De acuerdo con el procurador judicial, ambiental y agrario del Huila Álvaro Cardona, esto no puede quedarse quieto, se deben tomar medidas de monitoreo, prevención y mitigación de riesgos.
Las entidades públicas, privadas y las juntas de acción comunal tienen la responsabilidad de ejecutar los procesos de gestión de conocimiento, reducción y el manejo del riesgo de desastres en su respectiva jurisdicción.
Y en ese orden, los habitantes somos corresponsables, debemos acatar lo dispuesto por las autoridades.
Nos corresponde actuar con precaución, solidaridad, autoprotección en la gestión del riesgo, tanto en lo personal como de los bienes.
Como ejemplo: Hace unos 9 años atrás, en un hecho sin precedentes los profesores del Megacolegio Antonio Baraya, se negaban a trasladarse a una moderna edificación, porque estaba ubicada en las afueras y hasta invocaron la acción de tutela.
Sin embargo, esa semana, como “manifestación divina”, un temblor de magnitud 5.7 con epicentro en Colombia (Huila) por fortuna en horas no laborables, causó graves daños estructurales en la antigua Institución Educativa Antonio Baraya y la sede quedó en riesgo inminente de colapso.
Los profesores, que también son corresponsables, no tuvieron más remedio que trasladarse a la nueva sede, que previamente había sido construida por la Gobernación y el municipio y estaban desdeñando.
Ahora, un temblor de tierra de alta magnitud puede ser factor detonante y desestabilizador de las montañas y generar movimientos de tierra que pueden represar ríos y fuentes hídricas, según la ley.
Estos represamientos más tarde pueden convertirse en una peligrosa avalancha o una creciente súbita o inundación, como ocurrió en Armero y en el Rio Páez.
Soy testigo presencial, durante un sobrevuelo en esa época, de miles de deslizamientos en inmediaciones del nevado del Huila, luego del temblor que sacudió el Sur del País y produjo la avalancha del Páez.
El peligro siempre está ahí. No solo de un eventual temblor, debemos estar prepararnos para enfrentar otras situaciones como de los incendios forestales, por el fenómeno del niño.
Aún hay municipios, en donde ni siquiera tienen vigentes los contratos con los cuerpos de bomberos voluntarios.
El ex congresista Carlos Augusto Rojas, autor de la Ley 1575 de 2012, de “mal llamada Ley de Bomberos”, señaló que la responsabilidad de protección contra incendios es de las entidades territoriales municipales, departamentales y de la Nación.
Aseguran que los bomberos solo son instrumentos jurídicos y operativos a través de la ley, la responsabilidad legal de crear un cuerpo de bomberos oficiales o contratar con el cuerpo de bomberos voluntarios, es de los alcaldes.
Exponiéndome a los rayos y centellas de los incrédulos, debemos darle gracias a Dios, ya que dada la magnitud del movimiento telúrico no hubo muertos en nuestro departamento.
No obstante, debemos solidarizarnos con quienes perdieron a sus seres queridos y quedaron literalmente en la calle, en otros departamentos, lo que debemos evitar en el Huila.