Wilfred Trujillo Trujillo
Diputado Asamblea del Huila
Cada 7 de julio el mundo conmemora el Día Mundial del Cacao, una fecha que invita a reconocer el valor de uno de los productos agrícolas más importantes del planeta. Detrás de cada barra de chocolate existe una historia de trabajo campesino, biodiversidad, tradición y desarrollo rural. Sin embargo, mientras en muchos países esta fecha se aprovecha para impulsar estrategias comerciales, fortalecer cadenas de valor y conquistar nuevos mercados, en Colombia aún seguimos celebrando el potencial sin convertirlo plenamente en riqueza para quienes producen el grano.
La paradoja resulta evidente. Colombia es reconocida internacionalmente por producir cacao fino de aroma, una categoría que representa apenas un pequeño porcentaje de la producción mundial y que goza de un enorme prestigio entre los mercados especializados. Nuestro cacao es apreciado por su calidad, sabor y características organolépticas, lo que le permite competir en segmentos premium del mercado internacional. Además, el país ya ocupa el cuarto lugar entre los productores de cacao de América, consolidándose como uno de los actores más importantes del continente.
Pero ese reconocimiento todavía no se traduce en una verdadera política nacional que convierta al cacao en uno de los motores estratégicos del desarrollo rural colombiano. Seguimos exportando principalmente materia prima cuando deberíamos exportar valor agregado; seguimos vendiendo grano cuando podríamos estar posicionando marcas, chocolates de origen, experiencias turísticas y denominaciones de calidad que multipliquen los ingresos de las familias campesinas.
Y si existe un territorio llamado a liderar esa transformación, ese es el Huila.
Durante décadas el departamento construyó su identidad alrededor del café, convirtiéndose con orgullo en el principal productor del país. Sin embargo, mientras el café consolidaba su reconocimiento mundial, silenciosamente otra cadena productiva comenzó a crecer con enorme potencial: el cacao.
Hoy el Huila es el cuarto productor de cacao de Colombia, con más de 5.100 toneladas anuales y cerca de 7.000 hectáreas sembradas. Además, el departamento ha logrado posicionarse gracias a un cacao reconocido por su condición de fino de sabor y aroma y por sus bajos niveles de cadmio, una característica altamente valorada por los compradores internacionales.
Ese no es un dato menor. Mientras varios países enfrentan restricciones para ingresar a mercados europeos debido a las exigencias ambientales y sanitarias, el cacao huilense posee ventajas naturales que podrían convertirlo en uno de los productos agrícolas con mayor proyección exportadora del país.
La coyuntura internacional también juega a favor, las dificultades productivas que enfrentan gigantes mundiales como Costa de Marfil y Ghana provocaron un aumento histórico en los precios internacionales del cacao durante los últimos años, abriendo una ventana de oportunidad para productores como Colombia. Esa realidad permitió que las exportaciones huilenses alcanzaran cerca de 2.200 toneladas entre enero y noviembre de 2024, superando los 14 millones de dólares en ventas internacionales. (Gobernación del Huila)
Sin embargo, la verdadera pregunta es otra, ¿Estamos aprovechando esa oportunidad?, la respuesta todavía es insuficiente.
Con frecuencia hablamos de sembrar más cacao, pero poco discutimos sobre industrializarlo.
Celebramos los buenos precios internacionales, pero poco invertimos en crear marcas propias.
Nos sentimos orgullosos de producir un excelente grano, pero seguimos permitiendo que gran parte del valor agregado quede en manos de otros países que transforman nuestro cacao en chocolates de alta gama.
Mientras Europa vende historias, experiencias y origen, nosotros continuamos exportando únicamente materia prima.
Ese es el verdadero reto. El futuro del cacao no consiste únicamente en producir más. Consiste en producir mejor. Transformar más. Innovar más. Exportar inteligencia y no solamente toneladas, el Huila tiene condiciones excepcionales para lograrlo.
Cuenta con clima favorable, experiencia agrícola, asociaciones de productores cada vez más fortalecidas, reconocimiento internacional por la calidad de su cacao y una ubicación estratégica para conectar diferentes corredores productivos.
Pero hace falta una visión compartida, necesitamos entender que el cacao no pertenece únicamente al sector agrícola, también pertenece al turismo a la gastronomía, a la cultura, a la educación a la innovación, a la economía creativa.
Imaginemos por un momento un Huila donde existan rutas turísticas del cacao, similares a las rutas del vino en Europa.
Donde los visitantes recorran fincas productoras, conozcan el proceso completo del cultivo, participen en experiencias sensoriales y degusten chocolates elaborados con identidad regional.
Imaginemos pequeñas industrias transformando cacao huilense en bombones, chocolates premium, bebidas, cosméticos y productos nutracéuticos, imaginemos universidades investigando nuevos derivados del cacao, centros de innovación desarrollando tecnologías para mejorar la productividad, escuelas rurales enseñando emprendimiento alrededor del cacao, ferias internacionales realizadas en Neiva para conectar compradores de todo el mundo con nuestros productores.
Nada de eso resulta imposible. De hecho, varios departamentos ya comenzaron a recorrer ese camino, la diferencia está en la decisión política. Y allí aparece otro desafío.
No basta con entregar plántulas o anunciar proyectos de siembra, es indispensable construir una política integral que acompañe toda la cadena de valor.
Desde la investigación genética hasta la comercialización internacional, desde la asistencia técnica hasta la transformación industrial, desde la certificación ambiental hasta el acceso al crédito.
La rentabilidad del productor no puede depender únicamente del precio internacional, debe depender también de su capacidad para agregar valor.
Porque un kilo de cacao vendido como materia prima jamás tendrá el mismo impacto económico que ese mismo kilo convertido en chocolate de origen.
Y allí existe una enorme oportunidad para el Huila.
La Gobernación ha impulsado proyectos para renovar cultivos, entregar millones de plántulas y fortalecer la competitividad del sector. Son pasos importantes que demuestran que el departamento reconoce el potencial de esta cadena productiva.
Pero el siguiente paso debe ser mucho más ambicioso, debemos pensar en una marca territorial, “Cacao Huila”.
Una marca que represente calidad, sostenibilidad, innovación y origen, así como el café huilense logró posicionarse en el mundo gracias a su identidad, el cacao también puede hacerlo, porque las nuevas generaciones de consumidores ya no compran solamente productos, compran historias, compran sostenibilidad, compran identidad, compran territorios.
El Huila tiene una historia extraordinaria para contar, una historia escrita por miles de familias campesinas que, con paciencia, esperan varios años para recoger el fruto de su trabajo, una historia de resiliencia, de conservación ambiental, de agricultura familiar, de paz.
Y precisamente allí aparece otro aspecto fundamental, el cacao ha demostrado ser uno de los cultivos con mayor capacidad para generar desarrollo rural sostenible, promueve sistemas agroforestales, favorece la conservación de la biodiversidad, contribuye a la captura de carbono, genera empleo permanente, fortalece economías familiares, y ofrece alternativas económicas legales en regiones donde históricamente existieron otras actividades mucho menos sostenibles.
Hablar de cacao también es hablar de construcción de paz, es hablar de permanencia en el territorio, es hablar de oportunidades para los jóvenes rurales, es hablar de mujeres emprendedoras que hoy lideran asociaciones productivas, es hablar de desarrollo con inclusión.
Por eso el Día Mundial del Cacao no debería reducirse a publicaciones en redes sociales o actos protocolarios, debería convertirse en un espacio anual para evaluar resultados, para medir cuánto avanzó el sector, cuántos nuevos mercados conquistamos, cuántas empresas transformaron cacao, cuántos jóvenes encontraron oportunidades, cuánto aumentaron los ingresos de las familias productoras; porque el verdadero homenaje al cacao no consiste en decir que tenemos uno de los mejores del mundo, consiste en garantizar que quienes lo cultivan también tengan una de las mejores condiciones de vida.
El Huila posee todo para convertirse en el gran laboratorio nacional del cacao colombiano, tiene conocimiento, tiene productores, tiene calidad, tiene reconocimiento, tiene mercados abiertos.
Lo único que hace falta es una apuesta colectiva que trascienda gobiernos y periodos administrativos.
El cacao puede convertirse en uno de los pilares económicos del departamento durante las próximas décadas, puede generar empleo, puede impulsar el turismo, puede fortalecer las exportaciones, puede diversificar la economía regional, puede posicionar al Huila como referente internacional de producción sostenible.
Las oportunidades ya están sobre la mesa, el mercado internacional las está ofreciendo, la calidad del producto ya existe, el talento de nuestros productores también.
Ahora corresponde que las instituciones, el sector privado, la academia y la sociedad comprendan que el cacao no es simplemente otro cultivo agrícola, es una oportunidad histórica de desarrollo, quizás ese sea el verdadero significado del 7 de julio.
No recordar únicamente que existe un Día Mundial del Cacao, sino recordar que todavía estamos a tiempo de convertir al Huila en la gran capital colombiana del cacao de alta calidad, porque los mejores territorios no son aquellos que producen más, son aquellos que entienden el valor de lo que producen y son capaces de transformarlo en bienestar para su gente.
Y esa, precisamente, es la tarea pendiente que el Huila no puede seguir aplazando.