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Eduardo Gutiérrez Arias

Las elecciones presidenciales del pasado 21 de junio registraron, según datos oficiales, un triunfo del candidato Abelardo de la Espriella con 12.959.542 votos, que representan el 49,66% del total electoral. Iván Cepeda obtuvo 12.708.712 votos, equivalentes al 48,70% del total. Según estas cifras de la Registraduría Nacional del Estado Civil, el triunfo de De la Espriella sobre Cepeda se dio por un margen inferior al 1%, en unas elecciones donde votó el 64% de los ciudadanos, mientras el 36% se abstuvo.

Así, los colombianos que respaldan el nuevo gobierno son solamente el 32,5%, mientras el 31,5% conforman la oposición y otro 36% han adoptado la conducta de la abstención política. Esto significa que se trata de un gobierno de minorías nacionales, respaldado esencialmente por los gremios del gran capital, los partidos de derecha y el actual gobierno de los Estados Unidos, que según declaraciones de Donald Trump fue decisivo para su triunfo. Sin embargo, existen mayorías nacionales que, sumando la oposición con los abstencionistas, alcanzan el 67,5% de los ciudadanos.

A lo anterior debemos sumar la denuncia formulada ante la Fiscalía General de la Nación por el presidente Gustavo Petro, para que se investigue un fraude electoral cometido en las pasadas elecciones. Según la denuncia, una empresa israelí/norteamericana habría manipulado algoritmos para variar el resultado electoral, aprovechando que es una empresa privada la que administra el software electoral de la Registraduría. Desde tiempo atrás, el Presidente y una sentencia del Consejo de Estado han reclamado que dicho sistema tenga carácter público. Hasta tanto las autoridades judiciales resuelvan esta demanda, queda un manto de duda sobre la legitimidad del resultado electoral y del propio nuevo gobierno.

El sistema electoral colombiano en varias ocasiones ha sido acusado de corrupción y fraude. En 1949, el presidente Mariano Ospina Pérez impuso unas elecciones bajo estado de sitio y con persecución contra el partido liberal, que se marginó del proceso electoral. Laureano Gómez fue el único candidato y ganador de esos comicios, lo que agudizó la violencia política que dejó más de 300.000 muertos.

En 1970, cuando se eligió el último gobierno del Frente Nacional, la coalición liberal-conservadora presentó como candidato a Misael Pastrana Borrero, enfrentado por el general Gustavo Rojas Pinilla, creador de la Anapo. A las 6 de la tarde todos los medios informaban que el general iba ganando los comicios. A las 7 de la noche, el presidente Lleras Restrepo prohibió cualquier información, decretó el estado de sitio y al otro día apareció como ganador Misael Pastrana. Como respuesta a este fraude, jóvenes intelectuales crearon el grupo guerrillero M-19.