Versículos de la Biblia: 1 Pedro 2:1-2 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresías, envidias, y toda maledicencia, desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación.
Palabras del ministerio
(Parte 1 de 2)
Según lo que Pedro dice en 2:2, es por la leche pura de la palabra que podemos crecer para salvación. La palabra griega traducida “para” también significa “resultando en”. Crecer en la vida divina resulta en salvación. Esta salvación, como resultado del crecimiento en vida, no es la salvación inicial. La plena salvación de Dios abarca un largo período, pues comienza a partir de la regeneración, que incluye la justificación, y culmina con la glorificación (Ro. 8:30). En el momento en que fuimos regenerados recibimos la salvación inicial. Luego, necesitamos crecer hasta llegar a la salvación plena, la madurez que nos conduce a la glorificación, alimentándonos de Cristo como la leche nutritiva de la palabra de Dios.
Si crecemos para salvación, seremos salvos de la malicia, del engaño, de las hipocresías, las envidias y la maledicencia, que son las cinco cosas negativas de las cuales se habla en el versículo 1. No podemos ser salvos de la malicia, el engaño, las hipocresías, las envidias ni de la maledicencia por nuestros propios esfuerzos. Esto no lo logramos perfeccionándonos, ni enmendándonos o corrigiéndonos a nosotros mismos, pues ser salvos de todas estas cosas negativas es cuestión de algo más interno.
Por ejemplo, supongamos que alguien se enferma debido a cierta bacteria. Esta bacteria está en la sangre y en todo su organismo. ¿De qué serviría tratar de resolver este problema lavando a la persona afectada con un jabón fuerte? Lo único que se lograría con ello sería limpiar la piel, mas no eliminar la bacteria presente en su organismo. Dicha persona necesita tomar un antibiótico si ha de combatir la bacteria. Además de ello, necesita ingerir alimentos que nutran su cuerpo físico a fin de crecer. Este crecimiento le ayudará a sanarse de su enfermedad. De la misma manera, a medida que crecemos para salvación espontáneamente somos salvos de los “gérmenes” de la malicia, el engaño, las hipocresías, las envidias y la maledicencia.