Versículos de la Biblia: 1 Pedro 2:1-2 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresías, envidias, y toda maledicencia, desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación.
Palabras del ministerio
(Parte 2 de 2)
La salvación mencionada en el versículo 2 no es la salvación en su etapa inicial ni en su etapa de consumación; más bien, corresponde a la etapa progresiva de la salvación, a la etapa de la transformación. Así, pues, la regeneración (el nuevo nacimiento) pertenece a la etapa inicial de la salvación; la transformación, a la etapa progresiva de la salvación; y la glorificación, a la etapa de la consumación.
La transformación difiere de un simple cambio, pues implica un cambio de una forma a otra. No obstante, no se trata simplemente de un cambio de forma externa sino de un cambio interno de naturaleza o constitución. Por ejemplo, supongamos que una persona está enferma y que su tez no tiene un color saludable. Tal vez ella intente mejorar su apariencia aplicándose un poco de colorante a sus mejillas. A mí no me agrada esa clase de polvos para la piel, pues lo relaciono con la obra de los que trabajan en las funerarias, quienes procuran hacer que el rostro de la persona muerta luzca lo más atractiva posible. Hoy, tanto los discípulos de Confucio como muchos cristianos realizan muchas obras externas que tienen como objetivo reformar el carácter, las cuales son muy similares a las que realizan los que maquillan a los muertos. Este cambio externo es totalmente diferente al que opera la transformación viva e interna.
Recientemente tuve una leve enfermedad. Pero día tras día, mi esposa me estuvo sirviendo comidas nutritivas. Finalmente, esa comida me alivió y restauró el color saludable de mi rostro. Cuando mi esposa vio el color de mi tez, se sintió contenta. No había necesidad de aplicar ningún color a mis mejillas, puesto que el color saludable había sido producido por los alimentos que había ingerido. Yo comí, digerí y asimilé alimentos nutritivos. Luego, dichos alimentos llegaron a mis células, a mis fibras e incluso a mi piel, y le dieron un color saludable a mi piel. Éste es un ejemplo de lo que es la transformación. Pedro nos encarga que deseemos la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcamos para transformación. Nosotros no crecemos para experimentar alguna corrección externa, algún cambio externo ni alguna mejoría externa; más bien, crecemos para una transformación interna producida por la vida divina y llevada a cabo en dicha vida.