Por Felipe Narváez - Docente Universidad Surcolombiana -
El presente artículo constituye una síntesis de mi tesis de grado publicada en 1992, la cual mantiene su vigencia actual ante la persistencia sistemática y creciente de las violencias, específicamente aquellas accionadas mediante el «ajuste de cuentas»; estas se circunscriben, en la coyuntura actual, más al campo social y económico, mientras desaparece el campo político. Según los índices más recientes del Sistema de Información Departamental (SIRHUILA), Pitalito alcanzó una tasa de homicidios de 36.5 por cada 100.000 habitantes en 2023, cifra que asciende a 69.1 en el caso específico de los hombres (Gobernación del Huila, 2025). Al realizar un análisis comparativo, esta cifra evidencia una desproporción alarmante: Pitalito supera significativamente el promedio nacional de Colombia, que cerró el mismo año con una tasa de 25.7 (InSight Crime, 2024), y sobrepasa a la capital del departamento, Neiva, la cual registró tasas cercanas al 29.0 en el mismo periodo. Este diferencial estadístico confirma un desplazamiento del epicentro de la violencia letal hacia el sur del departamento. La situación ha mostrado un recrudecimiento escandaloso; durante el 2024 el municipio registró hechos violentos que consolidaron esta tendencia al alza (Caracol Radio, 2024). Estas modalidades son atribuidas por las autoridades, casi en su totalidad, al sicariato y a los ajustes de cuentas ligados a nuevos fenómenos de criminalidad. Hoy, este estudio refrenda las condiciones estructurales de la cultura de no delegación del conflicto al Estado; sin embargo, al aproximarnos a sus causas, es posible abordar las soluciones que tanto hacen falta.
Síntesis de la investigación de las violencias en Pitalito:
La investigación pretende realizar una descripción analítica de algunos elementos culturales reflejados en ciertas formas de matar, las cuales se ubican en espacios o escenarios donde se desarrollan y ejercen los hechos de violencia en la región de Pitalito (Huila). Los aportes derivados de estudios recientes brindan nuevas herramientas para el trabajo de campo a través de los conceptos: hechos de violencia, escenarios y campos de conflicto. En los escenarios de violencia es posible identificar algunas formas típicas de ejercer los hechos violentos, encontrando ciertos aspectos de la cultura —costumbres, hábitos, valores sociales— que se descubren en las múltiples violencias ejercidas en la zona, las cuales constituyen el objetivo de esta investigación.
Este estudio se desarrolla en dos fases: la primera fase consiste en una descripción socioeconómica de la región y una cuantificación de los hechos violentos, es decir, los referentes a muertes y lesiones personales violentas. Esto, con el fin de generar información que permita ubicar casos de muertes violentas dentro de los escenarios y realizar un análisis de su accionar, para llegar a conclusiones sobre los campos de violencia donde se han desarrollado. En la segunda fase, dentro de los escenarios, se buscan ciertos casos típicos de formas de ejercer la violencia, descubriendo en estas modalidades algunos elementos culturales presentes.
El desarrollo de la Violencia a las violencias (desde los años cincuenta y el tránsito a las violencias actuales) ha estado acompañado por dos características importantes: primera, la región juega un nuevo papel departamental a nivel económico, político y social; y segunda, la presencia de nuevos actores sociales y nuevas modalidades en el ejercicio de las violencias. Pitalito adquiere una gran presencia regional a partir de la primera migración en la década de 1950, cuando poblaciones que huían de la violencia en el norte del Huila y el Tolima se asentaron en sectores de colonización agrícola. En ese momento, Pitalito se convirtió en un centro donde se comercializaban los excedentes de la producción agrícola y se suministraban insumos y bienes manufacturados para el sector rural. Otra migración importante ocurrió en la década de 1960 por parte de población campesina del sur del Huila, Caquetá, Putumayo y Cauca, que se asentó en el sector urbano del municipio. Para 1980, se presentó un nuevo factor que afectó a la región: el narcotráfico. Para este período, Pitalito se había convertido en la segunda ciudad del Huila, ampliando su influencia a otros departamentos como Caquetá, Putumayo y Cauca.
Este proceso coyuntural trajo consigo la presencia de nuevos actores sociales y nuevas modalidades en el ejercicio de las violencias en Pitalito, con la creación de la guerrilla de las FARC en 1963, y de otros grupos insurgentes como el ELN y el M-19, afectando de manera directa a toda la región con la movilización permanente de sus frentes en la zona. Estos grupos, igualmente, introdujeron nuevas modalidades en el ejercicio de las violencias; se nota un cambio progresivo en los medios utilizados por los victimarios, con armas cada vez más letales para ejercer los hechos de violencia en el período de 1985-1992. En el mismo lapso, los homicidios mostraron una tendencia creciente, mientras que las lesiones personales propendieron a la baja.
En los escenarios se encontraron presentes ciertas formas particulares y recurrentes de ejercer los hechos de violencia: el caso de las riñas, las muertes a domicilio (ajuste de cuentas) y los N.N. o muerte anónima (ajuste de cuentas o «limpieza»).
En las riñas se desarrollan valores centrados en la familia y la afectividad, los cuales actúan como potenciadores de los problemas cotidianos a partir de conflictos que nacen de un alto nivel de intolerancia interpersonal y dan como resultado la agresión de alguno de los sectores en disputa. Se destaca el carácter relativamente mundano de los hechos de violencia. Los homicidios o lesiones personales ocurren, por lo general, en el contexto de las relaciones interpersonales. Se cometen la mayoría de las veces bajo la influencia del alcohol en lugares públicos como bares, discotecas y espacios donde se desarrollan las fiestas populares.
En las «muertes a domicilio» se encontraron elementos culturales que circulan de manera pasiva en las relaciones sociales: la venganza de sangre y la represalia. Estos aspectos culturales pueden manifestarse a partir de motivaciones primordialmente de tipo económico, por deudas de dinero o por la muerte de familiares o amigos. La venganza de sangre busca la compensación castigando o haciendo justicia privada o personal, y se ejerce eliminando físicamente a la persona que ha causado el perjuicio. La venganza se puede mantener de manera latente por un tiempo, desconociéndose el momento en que pueda volverse manifiesta (pueden pasar muchos años sin hacerse efectiva). La represalia es un movimiento de respuesta al efecto de venganza que parte de los familiares o compadres de la víctima que tienen una relación afectiva con esta, y nace a partir de los procesos de socialización temprana de los pobladores. Se descubre que una riña puede desencadenar un ajuste de cuentas a partir de los valores culturales anteriormente estudiados, lo cual hace cíclicos algunos conflictos violentos en la región. Estos conflictos de violencia pueden llegar a terminar con familias enteras, debido a que estas venganzas de sangre son transmitidas de generación en generación.
En la forma de matar anónima o N.N., se encontraron algunos sectores pertenecientes a instituciones del Estado con conductas de tipo delincuencial. Estos sectores asumen el ejercicio de matar como una manera de imponer de forma extrema un modelo de conducta social o como un medio de lucro. El personal de estas instituciones estatales, con su formación militar, ejerce de una manera muy «profesional» los hechos de violencia: tratan de evitar que existan testigos y que se pueda encontrar o identificar a la víctima. Ante esto último, la comunidad asume el hecho como «algo ajeno», y a la víctima la consideran «no persona»; como expresa parte de la población: «era un N.N. y no era gente conocida del pueblo».
Se concluye que en Pitalito existen algunos espacios sociales por donde circulan ciertas prácticas culturales con incidencia en las violencias de la región. El primer espacio, las violencias en el nivel privado e interpersonal, da la sensación de que la violencia es indiferenciada y homogénea, dado que parece invadir todos los espacios de la vida cotidiana debido a los altos niveles de intolerancia presentes y la falta de una cultura cívica que delegue el castigo al Estado. El segundo espacio es la violencia que ejercen algunos sectores estatales por fuera de los marcos legales. Este problema ha traído consecuencias funestas para la formación de una sociedad civil, pues genera resistencias en los pobladores para delegar sus conflictos al Estado.
Referencias
Caracol Radio. (2024, 5 de febrero). En Pitalito-Huila, habitantes exigen seguridad y vigilancia en comunas del municipio. https://caracol.com.co/2024/02/05/en-pitalito-huila-habitantes-exigen-seguridad-y-vigilancia-en-comunas-del-municipio/
Gobernación del Huila. (2025). Pitalito, Huila: Ficha de caracterización territorial y cifras SIRHUILA [Archivo PDF]. Sistema de Información Regional del Huila. https://www.sirhuila.gov.co/media/ZbRepository/ZbFiles/2025/7/e609d516d115431fb34acad1d98335a5.pdf
InSight Crime. (2024, 21 de febrero). Balance de InSight Crime de los homicidios en 2023. https://es.insightcrime.org/noticias/balance-insight-crime-homicidios-2023/
Narváez, L. F. (1992). Yo lo maté porque me ofendió y éramos amigos: Estudio sobre violencia en Pitalito, Huila [Tesis de grado, Universidad del Valle Colombia]. Internet Archive. https://archive.org/details/YoLoMatePorqueMeOfendioYEramosAmigos