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 Escrito por Wilfred Trujillo Trujillo*

 

En Pitalito, las ferias no son un simple evento en la agenda cultural del sur del país. Son un punto de encuentro donde la identidad laboyana se hace visible, donde el oficio artesanal vuelve a ocupar el lugar que merece y donde el caballo de paso fino reafirma una tradición que atraviesa generaciones.

 

Este 2025, con la realización de la 67° Feria Equina Grado A y la 59° Feria Nacional Artesanal, el municipio vivió uno de los fines de semana más importantes del año, no solo por su masiva asistencia sino por el impacto económico y social que dejó como evidencia de un territorio que sigue creciendo. Detrás de cada feria hay manos que trabajan, instituciones que coordinan, comerciantes que apuestan y familias que encuentran en estas celebraciones la oportunidad de mostrar lo mejor de sí. Por eso, el balance entregado por la administración municipal no sorprende: las Ferias de Pitalito 2025 superaron todas las expectativas, confirmando nuevamente que la articulación, la planificación y el compromiso ciudadano pueden convertir cualquier evento en un motor real de desarrollo.

 

Según la alcaldesa encargada Yaneth Sofía Ortiz Parra, el trabajo conjunto entre la Alcaldía de Pitalito, la Cámara de Comercio del Huila y ASOCALA permitió manejar con eficiencia los eventos masivos, incluso frente a contingencias climáticas derivadas de las lluvias. Y ese esfuerzo se tradujo en cifras contundentes. La Feria Nacional Artesanal tuvo uno de sus mejores años, con 850 millones de pesos en ventas, 23.000 visitantes y 203 expositores de Colombia y otros países, según informó César Augusto Torres Erazo, director seccional de la Cámara de Comercio. Estos números no solo confirman el posicionamiento del evento, sino que lo consolidan como la vitrina artesanal más relevante del sur colombiano. La presencia de artesanos internacionales y la variedad de técnicas expuestas (cerámica, fibras, joyería, talla en madera, tejidos, bordados) evidencian un ecosistema creativo que crece, se formaliza y aporta valor a la economía local. La artesanía no es un adorno; es una industria cultural que genera empleo, proyecta identidades y abre camino a nuevas oportunidades comerciales. En Pitalito, donde los oficios manuales tienen raíces profundas, cada edición de la feria es un recordatorio de que la cultura también produce riqueza.

 

Pero si la artesanía es el alma de las ferias, la Feria Equina Grado A es su corazón. Este año, el evento reunió casi 300 ejemplares de todo el país, incluyendo delegaciones internacionales de Estados Unidos y Ecuador, según explicó Fredy Córdoba Ramos, presidente de ASOCALA. Con una ocupación hotelera superior al 90%, la feria movilizó a criadores, montadores, entrenadores y visitantes apasionados por el caballo de paso fino colombiano. El caballo no es solo símbolo de estatus o elegancia. Es parte estructural de la identidad laboyana y pieza fundamental de la economía rural. Las ferias equinas son espacios de competencia, pero también de intercambio técnico, promoción genética y fortalecimiento de una industria que mueve millones de pesos al año en Colombia. Este 2025, además, la feria tuvo un ingrediente especial: la conmemoración de los 40 años de ASOCALA, una asociación que ha sido clave para posicionar a Pitalito como referente nacional en eventos equinos. Sus cuatro décadas de existencia hablan de disciplina, tradición y un amor genuino por esta práctica que trasciende fronteras. Para muchos habitantes de Pitalito, ver la pista iluminada, escuchar a los jueces, sentir el paso firme de los ejemplares y aplaudir las montas más destacadas es un ritual que acompaña la memoria familiar; un ritual que dignifica el esfuerzo de quienes han dedicado su vida a preservar y promover la cultura equina.

 

En paralelo a las ferias principales, la Feria de Orquídeas atrajo a más de 1.000 visitantes y generó ingresos directos para 35 mujeres y familias expositoras, un dato especialmente relevante si se considera que la floricultura laboyana (en pequeño formato) ha ganado terreno como emprendimiento femenino en la región. Estos espacios funcionan como plataformas para que emprendedoras, madres cabeza de hogar, familias rurales y asociaciones pequeñas encuentren acceso a ingresos que dependen de la visibilidad y del acompañamiento institucional. Las orquídeas son belleza, sí, pero también economía. Y su presencia dentro de las ferias recuerda que la diversidad productiva del municipio no solo está en los grandes eventos, sino en la fuerza de quienes, desde sus hogares, sostienen tradiciones y negocios familiares.

 

La masividad de los eventos también exige responsabilidad en seguridad y movilidad. Según el capitán Jhon Alberto Hernández, comandante de la Policía de Pitalito, los principales eventos registraron un comportamiento ejemplar, con solo una riña reportada. Sin embargo, se presentaron dos homicidios aislados y más de 90 comparendos durante el fin de semana, cifras que, aunque no ocurrieron dentro de los escenarios feriales, recuerdan que la seguridad del municipio sigue siendo un desafío que requiere acciones sostenidas. El punto más crítico se vivió en la Feria Comercial de la Avenida Pastrana, donde el desorden, la ocupación del espacio público y la congestión peatonal dejaron claro que el modelo actual está agotado. Si el crecimiento continúa, será necesario replantear su organización para 2026 y generar condiciones más seguras y estructuradas para comerciantes y visitantes. La feria comercial tiene un potencial enorme, pero requiere reglas claras, presencia institucional y un enfoque que privilegie la movilidad, el espacio digno y la seguridad.

 

Con más de 150.000 habitantes, Pitalito ya no es solo el segundo municipio del Huila, sino uno de los polos comerciales más fuertes del sur colombiano.

 

Su ubicación estratégica, su oferta hotelera y su dinamismo empresarial facilitan que grandes eventos tengan impacto en toda la región. Las ferias son una muestra de esto: hoteles llenos, transporte movilizado, restaurantes con alta demanda, comercio local fortalecido, servicios complementarios funcionando a máxima capacidad. La economía laboyana se beneficia no solo por la llegada de visitantes, sino por la diversificación de actividades que estas celebraciones impulsan. Cuando un municipio logra articular cultura, tradición y economía, el resultado no es solo un buen fin de semana, sino una visión de futuro. Y Pitalito, con su historia y su vocación emprendedora, ha demostrado que sabe proyectarse más allá del calendario festivo.

 

El balance positivo no oculta los desafíos. Según las autoridades locales, hay tres objetivos clave para el próximo año; lograr que la Feria Equina ingrese al calendario de doble A, un estatus que elevaría la categoría del evento y atraerá criaderos de mayor competitividad; posicionar nacionalmente los 60 años de la Feria Artesanal, una fecha histórica que puede convertirse en una campaña de país si se aprovecha la trayectoria del evento y la tradición creativa del territorio; y reestructurar por completo la Feria Comercial de la Avenida Pastrana, con criterios de movilidad, seguridad, regulación de espacio público y organización interna que garanticen condiciones dignas para comerciantes y asistentes. Estos retos requieren planificación, inversión, diálogo con los actores involucrados y, sobre todo, continuidad institucional. Las ferias son exitosas cuando el municipio piensa más allá del calendario y diseña estrategias que acompañan el crecimiento cultural y económico.

 

En últimas, lo que ocurrió este fin de semana en Pitalito fue más que una feria. Fue una demostración de capacidad organizativa, de identidad compartida y de visión territorial. Cada edición consolida un mensaje; cuando el municipio se articula, se prepara y trabaja de la mano con sus sectores productivos, el resultado se multiplica. Las ferias son una tradición, pero también una herramienta de desarrollo. Y en un territorio donde la gente trabaja, emprende, crea y protege sus tradiciones, no es extraño ver resultados como los de este año. El reto ahora es sostener ese impulso.

 

Que la artesanía siga creciendo sin perder su esencia, que la feria equina se fortalezca sin dejar de ser una celebración familiar, que la seguridad acompañe la masividad y que las oportunidades económicas sigan llegando a quienes más las necesitan. Pitalito demostró una vez más que sabe celebrarse. Y cuando una comunidad se reconoce en sus tradiciones, en sus artesanos, en sus caballistas, en sus mujeres emprendedoras y en sus familias, ningún reto queda grande. 

 

Porque las ferias pasan, pero la identidad permanece. Y esa identidad, tejida entre caballos, orquídeas, artesanos y visitantes, es hoy uno de los mayores tesoros del Valle de Laboyos.

 

*Diputado de la Asamblea del Huila