RADIO EN VIVO
00:00 / 00:00

Alfonso Vélez Jaramillo

Asistimos desde los últimos años del Siglo XX y en lo que va corrido del actual, a una inestabilidad política emocional, determinada por costosos niveles de polarización, que podría terminar con nuestra democracia. 

Es un asunto muy serio, no es carreta, se está  fracturando de manera silenciosa la mentalidad de la población colombiana, que ya no sabe que tiene en la cabeza.

La gente ya no vota por principios ni programas, vota por impulsos, vota con odio y con aborrecimiento incluido  a sus familiares y amigos, salvo algunos casos. 

Algunos no saben para dónde nos llevan, otros sí, pero dicen, de manera soterrada, no interesarles la actividad política, sólo de sus beneficios económicos y hacen caso omiso, como si no les doliera Colombia.

El grueso de la población está al corriente y da la impresión de que solamente les interesa el predominio de su movimiento político y nada que ver de la paz social.

SI, de la paz social. Sin ser alarmistas, estamos enceguecidos. Aquí hay de unos y hay de los otros bandos.

Durante casi doscientos años  han gobernado con ideas centralistas y federalistas, aparecieron los partidos liberal y conservador, que igual han tenido hegemonías beneficiosas para unos y dañinas para otros.
 
Jugaban papel importante los innegociables principios, sus ideas políticas y los colores rojo y azul, al menos eran más sinceros por convicción y se sabía a qué atenerse, no como ahora que no sabe de dónde vienen y para donde van.  

De allí las violaciones a los derechos y las vidas de millones de personas solo por no comulgar con ellos.

La hegemonía conservadora viene desde Rafael Núñez hasta Miguel Abadía Méndez. En 1.930 inicia la Hegemonía liberal desde Enrique Olaya Herrera  hasta 1.946 con Alfonso López Pumarejo, en su segundo y accidentado e inconcluso periodo de gobierno.
 
Cuatro administraciones liberales y, sin mentir, de conquistas sociales que concluyen con el regreso del conservatismo con Mariano Ospina Pérez, pues el liberalismo no presentó candidato en 1946. 

Este cambio fue la semilla de la época de la violencia, apuntalada por los gobiernos de turno. Primero Ospina Pérez y luego el de Laureano Gómez que buscaban conservar el poder político, contra la influencia  de los liberales.

El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, encendió los ánimos de la bomba social en 1949, llamada la época de la violencia.

Como es la vida: Laureano Gómez, es el abuelo de los tres Gómez, que hoy 75 años después, manejan el poder del presidente Abelardo De La Espriella.

Imprescindible anotar que, De La Espriella, llegó al poder a nombre de los que, supuestamente, nunca habían ocupado el poder.  

Enrique Gómez Martínez, nieto de Laureano y sobrino de Álvaro Gómez Hurtado, senador de la República; De ministro de Hacienda está Miguel Gómez Martínez, nieto de Laureano y sobrino de Álvaro Gómez Hurtado y hermano de Enrique.
 
Y, como si fuera poco Nicolás Gómez Arenas, jefe de gabinete de la Presidencia, bisnieto nieto de Laureano, nieto de Álvaro Gómez Hurtado e hijo de Enrique Gómez Martínez.
 
En otro ángulo, según la historia reciente "Los Chulavitas": eran miembros de la policía nacional, cuyo nombre nació en el municipio de Boavita, Boyacá.

Aunque se dice que eran campesinos armados apoyados de manera oficial y extraoficial por el gobierno conservador para atenazar a los liberales.

La verdad es que era un cuerpo policial o parapolicial con raíces conservadoras alistados e integrados en las fuerzas de seguridad del Estado.

Su función era hostigar, desplazar, atormentar y asesinar a sus opositores liberales y del partido comunista que en esa época  intentaban organizar la autodefensa y la resistencia campesina armada en diversas regiones del país.

"Los Pájaros": Eran grupos armados ilegales y sicarios conservadores, que operaban principalmente en el Occidente del Valle del Cauca, dedicados a asesinatos selectivos y el despojo de sus tierras a campesinos liberales. 

Allí nace el caudillismo armado y el primer pájaro que cobró notoriedad nacional  perversa fue León María Lozano, alias "El Cóndor". Luego vinieron otros que sin tener ideas políticas mataban, robaban y asaltan poblaciones enteras.  

En la actualidad sucede igual, pero ondean banderas políticas y piden conversaciones de paz. 
  
La historia recuerda a “Sangre negra”, (Jacinto Cruz Usme) en el Tolima y el Valle del Cauca; Chispas (Teófilo Rojas Varón), operó en Tolima y Quindío, Desquite (José William Ángel Aranguren), Efraín González Téllez (alias "Siete Colores").
 
El presidente Guillermo León Valencia (62-66), ordenó un ataque militar contra una comunidad agraria en Marquetalia, en el Sur del Tolima, vista como una “república independiente”, de donde surgieron Manuel Marulanda Vélez, alias «Tirofijo» y Jacobo Arenas, vinculados al marxismo-leninismo.

Y como si faltara, las guerrillas organizadas como ejércitos irregulares que igual se toman pueblos, secuestran, extorsionan y hacen política en sus medios de influencia, que junto con el fantasma de los paramilitares ha llevado y sigue llevando la zozobra, muerte y desolación. 

Por cuya razón  la situación de hoy en Colombia en muchos casos, es de una emoción que se manifiesta en desconfianza a los cambios y en el sistema, la hostilidad y temor frente a posturas opuestas.

La disputa por el favor político ha migrado hacia las emociones fusionadas o disfrazadas con política y el miedo, a  los cambios o al futuro y la hostilidad.

Lo espinoso es que muchas personas no se dan cuenta que hay un deterioro colectivo y progresivo de la salud mental de la población.

Este asunto lo abordan frescamente mediante normativas y educativas por políticas de gobierno, aparentemente públicas, sin tocar lo fundamental, sólo el interés del gobierno de turno y sus compromisos con sus financiadores.  
 
Cada administración tiene su estilo, para unos muy bueno, para otros un giro  opuesto a la tradición colombiana.
 
En todo caso, me atrevo a afirmar que por acción u omisión desde que se reformó la constitución política para permitir la reelección presidencial, le midieron el aceite al pueblo.

Ahora se volvieron más descarados, se atenta contra la democracia y nos importa un bledo lo que hagan en el gobierno.

Sin democracia nuestro sistema de gobierno y la organización del Estado ponen en peligro  la soberanía popular, las elecciones libres y periódicas, la separación de poderes, la igualdad ante la ley, el pluralismo y el poder las minorías y las libertades, la  libertad de expresión, de prensa, de reunión y la existencia de múltiples partidos políticos. 

Y en todo caso, peligran los derechos humanos y las libertades fundamentales establecidas por la comunidad internacional y ya lo estamos viendo.

La actividad política sin derechos fractura a la población colombiana, ocasiona heridas profundas a la democracia y pone en peligro inminente los valores  y el camino correcto para salvar el país si no reaccionamos de manera oportuna.

No nos equivoquemos.