El extremo de la autoridad es el autoritarismo y el extremo de la justicia social es el populismo.
No estamos viviendo en un gobierno autoritario. Es cierto. Protestas pacíficas y sin represión policial. Más bien es un gobierno con menguada autoridad. El ejemplo claro es el fracaso del programa de “paz total”que se debió fundamentar en el ejercicio de la autoridad estadal. Un presidente que le fastidia ejercer la autoridad para que sus órdenes e instrucciones se cumplan, al punto que la corrupción que se creía del pasado surgió con igual o mayor intensidad. El primer escándalo de corrupción lo protagonizó su hijo y su hermano. Luego vinieron otros no menos graves y sigue.
No estamos viviendo en un gobierno de justicia social. Más bien en un populismo exacerbado. El ejemplo claro son los anuncios de fortalecer programas sociales y en la práctica nada cambia, por el contrario empeora lo que se había conseguido en otros gobiernos. Demagogia en su esencia.
Para quienes teníamos algo de ilusión en vivir en una sociedad con justicia social, puros anuncios, en la realidad poco, perdimos la esperanza.
Hay por resaltar la política exterior, la restitución de tierras a campesinos pobres, la participación ciudadana, la desmistificacion del poder, la mejora salarial de los servidores públicos en especial las FFAA., la desenmascarada de la mezquindad de sectores económicos poderosos que se niega a ceder en sus privilegios en procura de una sociedad más igualitaria.
Si la oposición radical al gobierno hubiere permitido las reformas sociales propuestas, quizá hoy los ciudadanos del común estaría aplaudiéndolas o rechazándolas, según sus resultados.
Error de la oposición que puede salirle costoso con otro gobierno similar al que tenemos que al igual que ocurrió en Pitalito hace tres décadas, es un gobierno con figura de peón y espíritu de bribón.