Por Sergio Trujillo, diputado Asamblea del Huila.
El pasado jueves estuve en la socialización de la programación del 65° Festival del Bambuco en San Juan y San Pedro. Debo decirlo: encontré una agenda robusta, llena de cultura, tradición y eventos que honran lo que somos como huilenses. Sin duda, el festival sigue siendo nuestro mayor orgullo. Pero salí con una pregunta que no podemos evadir: ¿estamos preparados como ciudad para recibir a los turistas que vendrán a disfrutarlo?
Porque una cosa es tener una gran fiesta, y otra muy distinta es tener una ciudad a la altura de esa fiesta.
Hoy la realidad de Neiva es preocupante. Está sucia. Donde uno pase encuentra basura. Los parques y espacios públicos están deteriorados, los semáforos fallan, las calles están llenas de huecos, ya sea por el desgaste de la capa asfáltica o, en muchos casos, porque las Empresas Públicas intervienen las vías y no las dejan en condiciones adecuadas. Esa es la ciudad que estamos mostrando.
A este panorama se suma un problema que cada día se agrava: la movilidad. En Neiva ya no se respetan las normas de tránsito. El desorden vial es evidente, y los trancones en horas pico dejaron de ser una excepción para convertirse en el pan de cada día. La ciudad se está volviendo caótica, sin control, sin cultura ciudadana y sin autoridad efectiva en las vías.
Y mientras esto sucede, la Secretaría de Movilidad de Neiva brilla por su ausencia. Da la sensación de que esa dependencia no existiera. No hay controles visibles, no hay pedagogía, no hay acciones contundentes que permitan ordenar la ciudad. La movilidad está desbordada y nadie parece estar asumiendo la responsabilidad de poner orden.
Y lo más grave es que todo parece quedarse en proyectos. Nada se termina. El embellecimiento del separador de la carrera Séptima -la vía más emblemática de Neiva- sigue atrapado en un contrato varado, pendiente de una adición, mientras la polisombra se convierte en símbolo del atraso. El Parque Santander sigue en el papel: ni arranca, ni se socializa, ni hay señales claras de ejecución. Y el malecón del río Magdalena, donde se desarrollan eventos tan importantes como el desfile acuático del Reinado Nacional, es hoy un espacio sucio, descuidado, inseguro, con presencia de expendio de sustancias y condiciones que no invitan a propios ni a visitantes.
A esto se suma un tema que no podemos minimizar: la seguridad. Según reportes recientes, Neiva registra un incremento cercano al 50% en los homicidios durante 2026, una cifra que prende las alarmas y que no puede normalizarse en una ciudad que aspira a ser destino turístico. La percepción de inseguridad también aleja visitantes y golpea la economía local.
Y aquí hay que decirlo con claridad: el Festival del Bambuco no es solo cultura, también es economía. Miles de familias viven de estas fiestas. Comerciantes, hoteleros, transportadores, emprendedores, restaurantes… todos dependen de que Neiva sea un destino atractivo. Pero hoy, la ciudad no está enviando ese mensaje.
Desde esta columna quiero manifestar, con firmeza y con sentido de responsabilidad, un llamado al señor alcalde Casagua: Neiva necesita avanzar. Nuestra ciudad requiere gestión, ejecución y un claro sentido de ciudad. Los neivanos esperamos ver resultados concretos que se traduzcan en bienestar y progreso. Es momento de actuar con decisión, porque Neiva merece estar a la altura de sus desafíos.
Estamos a tiempo. El festival está a la vuelta de la esquina. La programación está lista. Ahora falta lo más importante: poner a Neiva a la altura de su fiesta. De mi parte estoy listo para apoyar en lo que se requiera.