Por Gabriel Calderón Molina
Mi anterior columna, ‘Las Cifras Turísticas no Mienten’, atrajo la atención de lectores para quienes el desarrollo turístico del Huila, es una gran alternativa para la generación de empleo y el fortalecimiento de la productividad de nuestro Departamento. Al referirme en ella a las cifras de la presencia de visitantes de la Cultura Agustiniana entre 1990 y 2024, según datos del ICANH, la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad que hizo la Unesco en 1995, no incrementó, como muchos lo esperábamos, la cantidad de turistas que en los años siguientes visitaron los parques arqueológicos de San Agustín e Isnos, como ha ocurrido en otras partes de América, como lo fue el caso de Macchú-Pichú en el Perú.
Al dialogar días después de la publicación de mi columna con unos amigos, que la habían leído, para ellos lo sucedido, es responsabilidad de todos los huilenses y, en particular de los mismos habitantes de San Agustín e Isnos, pues al no valorar la importancia del turismo para la economía regional, no han avanzado en la definición de una estrategia para atraer más visitantes del país y del mundo. Decían que esta falla empieza por los gobiernos departamentales y municipales, por las organizaciones de fomento del turismo nacional y regional, y por los medios de comunicación que no han visionado que, además de la oferta turística de los Parques Arqueológicos, todo el Alto Magdalena, es al mismo tiempo un gran nicho para el desarrollo y promoción del turismo de naturaleza.
En efecto, esta gran zona ofrece también a los turistas el espectáculo de los grandes cañones de los ríos Magdalena, Sombrerillos y Naranjos, los saltos de Bordones y el Mortiño, hermosas caídas de agua como la de los Tres Chorros, la laguna en donde nace el río Magdalena, la vista del Volcán de Puracé, y diversos sitios que pueden despertar el interés de muchos visitantes. Además, nada sería tan interesante para el turista que idea de montar en un lugar cercano al Parque Arqueológico de Mesitas un bosque de observación de aves de la región andina.
Lo que menos le conviene al desarrollo del Huila es la indiferencia como muchos valoran el potencial turístico del Alto Magdalena. Es necesario, empezando por las autoridades de los municipios de San Agustín e Isnos y la gobernación del Huila, que se desarrolle una visión turística que cambie su futuro a partir de una oferta turística arqueológica, y de naturaleza al mismo tiempo. Esta sería una innovación para que el turismo no dependa solamente de la oferta arqueológica. Vale la pena darle cabida a esta opción.