Alfonso Vélez Jaramillo
Si se concreta el reintegro de algunos oficiales del Ejército Nacional retirados en el gobierno de Gustavo Petro, por “razones abiertamente políticas”, se enmendará la frustración de varios militares con brillantes carreras y décadas de servicios al país.
Esta posibilidad se deriva de la declaración dada por el designado ministro de defensa, General Jorge Eduardo Mora, tras un análisis minucioso de cada uno de los casos y la motivación para su retiro del servicio activo.
El del coronel Johny Hernando Bautista Beltrán, es un caso muy particular que llamó poderosamente la atención en el Huila, por haber sido comandante del emblemático Batallón Tenerife y de la Novena Brigada, con sede en Neiva, en donde se sintió su trabajo.
En la Novena Brigada, se han forjado muchos generales de la república, por cuya razón, el retiro de Bautista Beltrán, generó intranquilidad y, en su momento, por qué no decirlo, rechazo.
En los diferentes sectores políticos, gremiales, empresariales y sociales del departamento quedó la incertidumbre, porque, hasta donde se sabe, no hay investigaciones de algún tipo en contra del citado oficial.
Bautista, cumplió de manera rigurosa todos los requisitos y solo faltaban diez días para su ascenso a brigadier general. Estaba todo listo para prestar el juramento y dar el primer paso con el grado inicial, dentro de la categoría de Oficiales Generales.
Concluir con honor una carrera es un anhelo profesional y, de manera especial, los militares se sienten orgullosos de haber servido a la patria desde que hacen su ingreso a la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova.
No importa enfrentar los peligros que conlleva el conflicto armado y de paso, soportar con sacrificio, con serenidad y dignidad, la separación de su familia por largo periodos.
Son razones para exteriorizar que al coronel Bautista, de un tajo le acabaron las ilusiones a un soldado con una hoja de vida de 31 años de carrera en el Ejército Nacional.
Con obligatorios e imprescindibles cursos militares, con formación académica continuada y con la experiencia y la preparación militar requerida.
Y como no va ser un daño, si el coronel Johny Hernando Bautista, ya tenía en sus manos, el Decreto No. 1.785 de octubre de 2023 que ordenaba su ascenso a brigadier general, firmado por el ministro de Defensa y el presidente de la República.
Inclusive, consta en su hoja de vida la experiencia en el servicio público activo como jefe de personal del Ejército, director de operaciones contra el narcotráfico del ejército y su último cargo: Agregado militar del gobierno colombiano en la Junta Interamericana de Defensa, organismo adscrito a la OEA, con sede en Washington.
Este puede ser, o es, un retrato hablado de otros casos en iguales circunstancias y, de manera concreta, en el periodo presidencial de Gustavo Petro, que termina el siete de agosto.
En este gobierno, se han presentado fricciones que han dejado huellas profundas por la suavidad del presidente para enfrentar la insurgencia y la delincuencia común.
La teoría política del presidente Petro y su proceso de "Paz Total", seguro tuvo buena fe, pero generó discrepancias con algunos sectores empresariales, de opinión y de las fuerzas militares, en las que otras personas “pagaron “los platos rotos”.
El decreto de ascenso del coronel Bautista, fue modificado por el Decreto No. 1911 del 10 de noviembre del 2023”, o sea 10 días después, con la lacónica explicación de que fue “de una decisión política” con base en la ley.
Es cierto, en Colombia, el presidente y su ministro de defensa tienen la facultad discrecional de llamar a calificar servicios a cualquier miembro de la fuerza pública, inclusive sin motivación expresa o detallada en el acto administrativo.
Se presume legal y responde a la necesidad de renovar la línea de mando y permitir el ascenso de otros uniformados, por ser una prerrogativa constitucional y legal que busca el relevo institucional y la renovación de la fuerza pública.
Así se hace, pero no se le dice a nadie, que es un acto político del poder público en el Estado, que no debe tener tinte político, que casi siempre se desvía hacia ideologías o teorías de estado opuestas.
Repito: Es una potestad discrecional del Gobierno, no una sanción ni un despido disciplinario, que eventualmente se utiliza por motivos diferentes al mejoramiento del servicio.
Es la única explicación, ya que el coronel Bautista Beltrán no tiene señalamientos e investigaciones de algún tipo, solo su personalidad, su formación y sus conocimientos para hacer respetar la ley y la constitución política.
Y como lo expresó el electo presidente Abelardo De la Espriella y su ministro de defensa, general Mora: como hubo militares que “fueron sacados injustamente”, el gobierno revisará ciertos casos y el posible reintegro de algunos militares.
En ese orden de ideas en el Huila esperan que se estudie el reintegro al servicio activo del coronel Johny Hernando Bautista Beltrán.
¿Y por qué menciono al coronel Bautista Beltrán, de manera particular?, lo conocemos muy bien en el Huila por su trabajo en la unidad militar operativa y táctica.
Los gremios le tienen confianza y su caso es una representación gráfica de muchas otras injusticias que con estas características se han cometido.
En el Huila reconocen al coronel Jhony Hernando Bautista, como un militar honrado, colaborador y comprometido con la institucionalidad.
Su inesperado retiro le cayó como un “baldado de agua fría” a los huilenses y se considera injusta la decisión del gobierno de Gustavo Petro y de su entonces ministro de defensa Iván Velásquez Gómez.
No se tuvo en cuenta, además de su hoja de vida, ni los resultados operacionales que le restituyeron tranquilidad y sosiego a la población rural del Huila afectada por la guerrilla.
El coronel Bautista Beltrán, en un hecho sin antecedentes en varias décadas, llegó con su tropa a zonas consideradas altares de la subversión armada, en límites con el Tolima, muy cerca de Marquetalia, Sur del Tolima, en donde exactamente hace 60 años, se crearon las Farc.
Inclusive, el general Jorge Humberto Jerez Cuellar, entonces comandante de la 5ª División, eje de la seguridad, defensa y control territorial en la región central colombiana, compuesta por cuatro brigadas, pudo inaugurar personalmente “La escuelita de Colores”, en Chapinero.
Chapinero y sus vecinos Aipecito y San Luis, cerca de Marquetalia son corregimientos de Neiva, situados en una zona montañosa y escarpada de difícil acceso, que jamás habían tenido la asistencia social del ejército y mucho menos la presencia de un general.
La escuela denominada “La escuelita de colores”, fue construida por soldados del Tenerife, liderados por el coronel Bautista, con el apoyo de su directora Gloria Trujillo, del gobierno, los gremios y el empresariado huilense.
Siendo comandante de la Novena Brigada, el coronel Bautista, se recuerdan incautaciones por más de 9 toneladas de marihuana y otras sustancias.
La desarticulación de estructuras de las disidencias de las FARC, en comprensión municipal de Algeciras, Huila, uno de los municipios colombianos más afectados por la violencia.
Además, hizo un trabajo bien articulado y muy visible con la gobernación y los municipios, para atender la emergencia generada por la pandemia del COVID 19.
La Novena Brigada, lideró los esfuerzos de asistencia humanitaria a las comunidades más vulnerables del departamento.
Se puede fundamentar que “El coronel sí tiene quien le escriba”, parodiando la novela de nuestro gran Gabriel García Márquez.
Percibo, sin consultarlo, que coronel Jhony Hernando Bautista, como cualquier otro respetable militar, se aferra a la dignidad y el decoro, no para que le llegue la pensión, como dice en su obra nuestro nobel, sino para que se le restituya el honor de terminar su carrera militar con honor.
No solo la suya, igual la de otros oficiales que “fueron sacados injustamente”.
En un periodo de tensión, sus carreras militares fueron truncadas por un gobierno que refleja una sociedad que, a través del Estado, por asuntos de tinte político, desdeña a quienes antes le sirvieron la patria a mantener la institucionalidad y la paz.