En Huila hemos perdido 84.713 hectáreas de áreas naturales por culpa de 4.455 incendios forestales, ocurridos entre los años 2015 y lo corrido de 2026. Para que usted dimensione la tragedia ambiental, sería algo así como perder 209 canchas de fútbol de medidas reglamentarias nacionales (90m x 45m). El año de mayor incidencia ha sido 2024, con 19.487 hectáreas incineradas a causa de 660 acontecimientos irreversibles.
“Detrás de cada hectárea quemada hay hábitats perdidos, especies afectadas y una mayor vulnerabilidad para las comunidades y los sectores productivos”, ha indicado Osiris Peralta Ardila, ingeniera forestal al servicio de la Subdirección de Regulación y Calidad Ambiental en la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena -CAM-, con sede en Neiva.
Álvaro Hernando Cardona González es el Procurador 11 Judicial II Ambiental y Agrario. El representante del Ministerio Público reiteró y exhortó el 2 de mayo del presente año a los alcaldes municipales de Huila, lo alertado el 28 de abril con relación al fenómeno ‘El Niño’ que no dará tregua, “…lo que supone alertar, anticiparnos y sumar esfuerzos en favor de la prevención y del alistamiento frente a dicho fenómeno pues se anuncia que será más extremo que los de las últimas décadas”.
Al respecto conviene decir que Cardona ha recomendado a los mandatarios locales que “…en los Comités Municipales de Gestión del Riesgo, ustedes incorporen discusiones sobre qué hacer para incentivar el almacenamiento de agua para saneamiento básico, suministro a hospitales y centros de salud, cultivos y consumo humano; así como adelantar campañas de prevención de riesgos sobre todo incendios forestales y uso racional del agua”.
Por ello, “La prevención debe convertirse en una responsabilidad compartida”, alude la ingeniera Peralta Ardila.
Acciones por el bienestar de la humanidad
Hay que hacer notar lo siguiente: el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, ha destacado a la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena -CAM-, porque en el contexto nacional “lidera el mayor volumen de declaratorias de áreas de interés especial ambiental”.
Por citar una evidencia, declaró (25 de marzo de 2018) la Serranía de Peñas Blancas, Huila, como Distrito Regional de Manejo Integrado. Quiere decir, entre otras cosas, que el área natural está protegida frente a intereses comerciales que busquen concesiones de explotación minera, por ejemplo.
La Serranía de Peñas Blancas ejerce influencia en diversas áreas en los niveles geográfico, social y ecológico. En su jurisdicción están los municipios de Acevedo, Altamira, Palestina, Pitalito, Suaza y Timaná. Ahora bien, en cuanto al influjo social, la subregión provee de recursos hídricos a una gran parte de la población del sur de Huila, beneficiando directamente a cerca de 66 mil personas que se abastecen a través de 78 acueductos. Finalmente, y respecto a la conectividad ecológica y ambiental, la Serranía tiene una alta importancia en la conectividad biológica debido a su relación e integración con las siguientes áreas y estrategias de conservación: el Parque Natural Regional Corredor Biológico Guacharos-Puracé, y los parques nacionales naturales Cueva de Los Guácharos, Alto Fragua Indi-Wasi, Serranía de los Churumbelos (Auka Wasi) y de Puracé. Además de La Reserva de Biosfera Cinturón Andino (zona dentro de la cual está localizada) y la estrategia del Corredor Andino-Amazónico (con la cual se integra hacia el norte).
El clima por encima del acuerdo bipartidista
El presidente Carlos Lleras Restrepo se dirigió a la Nación con el propósito de buscar solidaridad con las víctimas de las calamidades públicas. Así pues, el 30 de diciembre de 1966, el mandatario liberal anunció que “Hemos tenido más recientemente grandes inundaciones, sobre todo las provocadas por el río Cauca en los departamentos de Valle y Cauca que han ocasionado pérdidas inmensas y cuyas consecuencias serán ineludiblemente de mucha gravedad para el país”. Lleras pedía que la ciudadanía afrontara las calamidades con estoicismo, serenidad y valor, “…con el decidido empeño de dominarlas, de vencer, de salir adelante (…) con el apoyo de todos ustedes, amigas y amigos…”
En contraste, la región de Huila soportó el más crudo verano que se prolongó por un periodo de tres meses, entre noviembre de 1967 y enero de 1968, “…que causó la pérdida de cerca del 80% de los cultivos de maíz, ajonjolí y sorgo”. En otro extremo climático, el periódico El Tiempo en la edición del miércoles 24 de enero de 1968 informaba sobre las heladas que estaban afectando las vegas ribereñas sembradas de cacao. El corresponsal ‘Jorrofa’ reportaba que un fuerte aguacero ocurrido en la madrugada del 23 de enero puso fin al largo helaje, pero “causó daños en los arrozales derribando en gran parte plantaciones que estaban próximas a recolectarse”.
Vuelve la burra al trigo
Dicho con palabras de Osiris Peralta Ardila: “Hemos tenido que prohibir las quemas que por costumbre realizan los campesinos durante la preparación de los terrenos, con el fin de evitar los incendios forestales”. Osiris explica que la decisión se desprende de las leyes 99 de 1993 y 1523, que facultan a la autoridad ambiental para que en el marco del principio de precaución adopte las decisiones para garantizar la protección de los recursos naturales; además de elaborar un plan e implementar una contingencia para hacerle frente al fenómeno climático.
Ocurre que históricamente, estos meses del segundo semestre demuestran las afectaciones ambientales provocadas por las quemas ‘salidas de madre’. Por ejemplo, las minutas del Cuerpo Oficial de Bomberos de Neiva evidencian que entre los meses de julio y septiembre de 1965, las instalaciones del Batallón Tenerife ‘pusieron pereque’ con el mayor número de casos. De las 19 emergencias ocurridas en menos de dos meses, la guarnición militar puso en ‘calzas prietas’ a los bomberos de la capital huilense durante cinco emergencias ocasionadas por incendios forestales, una de ellas “al pie de los polvorines”. También ardieron en tres ocasiones los predios del Aeropuerto ‘La Manguita’. A algún atrevido se le ocurrió prender fuego a las basuras cercanas a la ‘Bomba Tamayo’, un árbol ardía en la madrugada del 13 de julio en el Parque Santander, dos veces las llamas amenazaron con arrasar el Club Social y otras más al Club del Comercio. El Molino Beltrán estuvo en riesgo por la mala disposición de costales resecos. Finalmente, la familia Duque Palma sintió cerca las llamas en ‘Casa Blanca’.
Los impactos negativos en la educación
La profesora Martha Isabel Barrero Galindo es investigadora de la historia de la educación en Huila. En el caso puntual de la incidencia del clima en el desarrollo de las actividades escolares en la región, da a conocer que “Hubo una considerable disminución en las matrículas de estudiantes a finales de 1912, a causa de un prolongado verano que, además, generó una plaga de langostas sobre varios cultivos y que, en consecuencia, influyó de manera decisiva en la pérdida de las cosechas”.
La maestra Barrero Galindo, historiadora de la Universidad Nacional de Colombia, adscrita a la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad Surcolombiana, relaciona que “Los efectos de la sequía provocaron la escasez y el encarecimiento de los productos indispensables para el consumo. En consecuencia, la población quedó sumida en un estado de miseria que contribuyó a que la matrícula de estudiantes disminuyera considerablemente en los últimos meses del año”.
Para la muestra un botón
Martha Isabel ha soportado sus investigaciones en los informes oficiales de la Gobernación y la Dirección de Instrucción Pública, entre 1889 y 1926. A continuación un aparte del pronunciamiento del Director de Instrucción pública en 1913: “Los graves inconvenientes que la elevación de temperatura, la escasez consiguiente de agua, la deficiencia de alimentación y algunos más motivados por el fuerte verano de los meses de agosto y septiembre presenta para el estudio en esos meses y para el consiguiente éxito de las labores escolares, me obligó a solicitar el Ministerio facultad para variar, para la Escuela Normal de Institutoras la época del periodo lectivo…”.
En relación con la idea anterior, ¿Qué pasó con la solicitud del director de Instrucción Pública? Pues el funcionario actuó de acuerdo con el Consejo Directivo de la Escuela Normal “…y que dio como resultado la autorización que a la Gobernación del Departamento confirió el Ministerio en telegrama de dos de septiembre, para variar por Decreto general, el período escolar para todos los Establecimientos oficiales de educación”. Es más, “En ejercicio de la atribución conferida fue expedido el Decreto número 59, por el cual se dispuso que el período lectivo empezara el veinte de septiembre de cada año y terminara el veinte de julio del siguiente”.
¿Será que hemos aprendido las lecciones?
El fenómeno de ‘El Niño’ – describe la ingeniera Peralta- es una condición climática asociada al calentamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial y cada vez que llega al Huila, nos recuerda la estrecha relación que existe entre la naturaleza y nuestro bienestar.
La autoridad ambiental en Huila afirma que la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas no solo impactan sobre el agua que corre por los ríos, quebradas y nacederos, “También incrementan el riesgo de incendios forestales que destruyen los bosques, afectan la fauna silvestre, deterioran los suelos y reducen la capacidad de los ecosistemas para proveernos agua y otros servicios ambientales esenciales. De igual manera, las fuertes olas de calor impactan la salud de las personas de los ganados y fauna doméstica”.
Finalmente, Gustavo Adolfo Guerrero Ruiz, Procurador Delegado con Funciones Mixtas para Asuntos Ambientales, Minero energéticos y Agrarios, ha indicado a las autoridades departamentales y a las corporaciones regionales que “…es fundamental ordenar preventiva y funcionalmente el territorio, no solo para cumplir con el ordenamiento jurídico colombiano sino para atender los compromisos internacionales que están en cabeza del gobierno nacional y las autoridades locales”.