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Alfonso Vélez Jaramillo
 

Si eligen como president e de Colombia a Abelardo de La Espriella, no será difícil imaginar cual sería la situación de los posibles nuevos migrantes colombianos deportados de Estados Unidos.
De la Espriella, es colombiano y, de manera simultánea, ciudadano de Estados Unidos, desde el año 2021 y en la ceremonia de naturalización juró con el brazo derecho levantado, cumplir lealtad y ceñirse a las leyes de ese colosal país.

Estados Unidos, es de tradición cultural anglosajona, y para ellos, los juramentos como  el de lealtad, el presidencial o el de naturalización, tienen raíces extremadamente arraigadas en el orden jurídico y político y su incumplimiento acarrea sanciones judiciales.

Si el Estado demuestra que alguien mintió, cometió fraude para obtener la ciudadanía, o violó el juramento, puede ser procesado y llevado ante la Corte Federal por el Departamento de Justicia con cargos por perjurio y fraude
 
Aquí vale la pena preguntar 
 
¿Qué haría Abelardo De La Espriella viendo llegar a los nuevos migrantes colombianos en  los aviones militares de Estados Unidos con grilletes y esposados y bajo las más estrictas medidas de seguridad, como si fueran peligrosos criminales?
 
De La Espriella, al jurar lealtad a los Estados Unidos, renunció a cualquier “título de nobleza u orden nobiliario” (si los tuviere, dice la norma), y en esas condiciones renunció a cualquier Estado, del cual ha sido súbdito o ciudadano, o sea el de Colombia. 

La ley colombiana no prohíbe tener dos o más nacionalidades a un colombiano para ser presidente, pero considero que si se generaría  incompatibilidades en las relaciones con  Estados Unidos.
Ese país, el mayor socio de Colombia, en todos los órdenes, económicos, político, jurídico, social y comercial, junto con el Tratado de Libre Comercio TLC, ha sido el centro de intensos debates, por sus ventajas y desventajas.

De La Espriella, con su juramento renunció de forma tácita y de manera absoluta a intervenir en asuntos en los que haya de por medio intereses conjuntos entre Estados Unidos y Colombia.

Aquí nace una incompatibilidad sobreviniente, a no ser que renuncie a esa nacionalidad. Falta ver jurídicamente si debió haberlo hecho antes de inscribirse o antes de la posesión, si gana la presidencia.

Millones de personas en el mundo vieron por primera vez, a un presidente suramericano reclamarle, sin temor reverencial, a los Estados Unidos, por el trato “indigno”, dado a los migrantes por ICE, ese presidente fue Gustavo Petro de Colombia, 
 
El ICE, es la agencia Federal de Inmigración y Control de Aduanas que persigue los delitos transfronterizos, como el contrabando y el tráfico ilegal de personas, inclusive, la detención y deportación de ilegales e indocumentados.

Su misión es combatir y controlar la acción de poderosas bandas criminales altamente organizadas e industrializadas.

Estas organizaciones trasnacionales operan en los Estados Unidos, México y otros países de la región, inclusive en Asia y África, auspiciadas por el narcotráfico.   

Petro reclamó, no por la deportación de los migrantes, sino porque llegaban a su país con esposas en sus muñecas y grilletes en su pies y sujetos hasta el cuello. Parecían peligrosos criminales, sin movilidad, según ellos, ni derecho a su defensa, antes de su deportación.

Esta situación originó una crisis diplomática con reclamos políticos fuertes entre Colombia y Estados Unidos.

Los videos y fotografías que publicaban de los deportados humillados, inmovilizados de manos y pies, crearon indignación cólera, irritación y consternación nacional e internacional, por ese trato, que Colombia calificó de inhumano.

Otros gobiernos se pronunciaron y hasta hubo tropiezos mediáticos y amenazas arancelarias del presidente Donal Trump, quien justificó las leyes norteamericanas que permiten ese trato a los delincuentes por ICE, en defensa de la Seguridad Nacional de su país.

No todos los migrantes son criminales, la mayoría son personas de buenas costumbres que por diversas razones salen de su país huyendo de la pobreza a buscar oportunidades laborales y mejores condiciones de vida, pero no son criminales.

Según Petro, a los migrantes colombianos, no se les respetó el principio de la dignidad humana, pilar fundamental del Estado colombiano.

Es un derecho inviolable, inherente y universal proclamado en la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, hace 78 años, ideal común para todas las naciones del mundo.  

Condicionó la deportación de los colombianos desde los Estados Unidos sin  esposas ni grilletes y exigió, trato conforme a la dignidad humana, en vuelos civiles y no como delincuentes. 

La postura de Gustavo Petro, marcó la política migratoria y diplomática del gobierno colombiano y puso un punto muy alto en el derecho internacional.

Aquí vale la pena preguntarle a Abelardo De La Espriella, con aspiraciones de convertirse en el próximo presidente de Colombia, por ser, a la vez, ciudadano de Estados Unidos:
 

¿Qué haría en un caso similar, teniendo en cuenta que  para ser ciudadano de Estados tuvo que prestar el juramento de lealtad, (¿Oath of Allegiance, Juramento de lealtad para obtener la ciudadanía estadounidense por naturalización?, o sea, ¿su promesa diaria a la bandera? 

1º. En este juramento, en ceremonia formal renunció a toda lealtad y fidelidad hacia cualquier otro país o soberano, o sea hacia Colombia, su patria de origen

2º. Apoyar y defender la Constitución y las leyes de los Estados Unidos.

3º. Prestar servicio en el ejército de los EE.UU. o realizar trabajo civil de importancia nacional cuando la ley lo exija.

4º. Renunciar a cualquier título de nobleza u orden nobiliaria (si los tiene).

Estos requisitos hacen parte del texto oficial administrado por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS).

Solo queda como corolario el interrogante: 

¿Los migrantes en todo el mundo que lean esta nota y viven el peligro de la deportación, los migrantes que han sido deportados, sus esposas, sus hijos, familiares y sus amigos dentro y fuera del país y el pueblo colombiano, si será capaz de apoyar un candidato a la presidencia que no tiene la libertad jurídica, moral y ética, para defender con patriotismo, honradez y decoro los derechos y la dignidad de los colombianos?, No importa si pertenece a la derecha o a la izquierda, es lo de menos.