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Por Luis Felipe Narváez, docente de la USCO

La semana pasada, un importante comprador de café internacional, con base en los Emiratos y conocido por adquirir entre uno y cuatro contenedores mensuales en el mercado del Huila, se vio impedido de viajar más allá de Bogotá.

La incertidumbre del orden público en la región y las preocupaciones por su seguridad personal fueron determinantes. 

 

Este inversor inyecta capital a los proveedores locales para la compra del grano necesario, además de ofrecer primas por venta y adelantos a fincas de excepcional calidad. El proveedor del sur del Huila, su contacto habitual en la región, debió emprender el viaje a la capital. "Hoy, la disposición a adelantar capital es mucho menor que antes", comentó el proveedor.

 

Los riesgos de seguridad han llevado a que este inversor de gran escala haya retraído su capital de trabajo, deteniendo así sus inversiones en la región. A esta ausencia se suman la de compradores europeos y los provenientes de Corea del Sur, quienes han dejado de visitar el sur del Huila.

 

"Solo nos queda el importador internacional de menor envergadura, aquel que adquiere desde un saco hasta un máximo de diez", añadió el proveedor, pintando un panorama cada vez más limitado.

 

Así se configura el presente del mercado cafetero huilense: la tríada del comprador internacional, el proveedor local y la inestable variable del orden público tejen una compleja red de incertidumbre al comprador internacional para alcanzar sus metas. También esta situación dificulta al proveedor local colocar en el mercado, al mejor precio posible, el café que compra a los campesinos de la región.