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Versículos de la Biblia:  1 Pedro 3:18-19 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevaros a Dios, siendo muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu. En el cual también fue y les proclamó a los espíritus que estaban en prisión.


Palabras del ministerio

 

Según el versículo 18, Cristo fue “muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu”. Aquí no se está refiriendo al Espíritu Santo, sino al Espíritu como esencia divina de Cristo (Mr. 2:8; Lc. 23:46). La crucifixión puso fin solamente a la carne de Cristo —la cual Él había recibido mediante la encarnación (Jn. 1:14)—, no a Su Espíritu, Su divinidad. Su Espíritu, Su divinidad, no murió en la cruz cuando Su carne murió, sino que fue avivado, vivificado, con un nuevo poder de vida, de tal modo que en este Espíritu fortalecido, en Su divinidad, Cristo hizo una proclamación ante los ángeles caídos después de Su muerte en la carne y antes de Su resurrección.

 

Cristo murió en la cruz por nuestra redención. No obstante, aunque fue muerto en Su cuerpo, Él fue vivificado y fortalecido en Su Espíritu, aun antes de Su resurrección. Luego, en este Espíritu vivificado y fortalecido, Él fue a proclamar a los ángeles rebeldes la victoria que Dios había obtenido sobre Satanás, el líder de ellos.

 

Lo que Pedro dice en estos versículos es muy significativo. Él revela algo extraordinario relacionado con la muerte de Cristo. Nos muestra que la muerte de Cristo no solamente efectuó la redención por nosotros, sino que además logró la victoria sobre Satanás y sus seguidores. Así que, después de Su muerte y antes de Su resurrección, Cristo proclamó a los seguidores de Satanás la victoria que Dios había obtenido sobre el diablo mediante la crucifixión de Cristo.