Palabras del ministerio: En 2:23 Pedro dice que Dios el Padre es Aquel que siempre juzga justamente. Eso significa que Él gobierna de una manera justa. Cristo confió en esta persona justa. Por ello, Pedro dice que mientras Cristo estuvo en la tierra, siempre encomendó todo a Dios el Padre, quien juzga justamente. El versículo 24 dice: “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, a fin de que nosotros, habiendo muerto a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. Este versículo se refiere a Cristo como nuestro Salvador, nuestro Redentor. Como nuestro Salvador, Cristo “llevó Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero”. El “madero” es la cruz hecha de madera, un instrumento romano usado como pena capital para ejecutar a los malhechores, según se profetizó en el Antiguo Testamento (Dt. 21:23; Gá 3:13).
La frase “habiendo muerto a los pecados” significa literalmente estando lejos de los pecados, por ende, habiendo muerto a ellos. En la muerte de Cristo, nosotros morimos a los pecados (Ro. 6:8, 10-11, 18). Hemos muerto al pecado a fin de vivir a la justicia. Vivir a la justicia es algo que se experimenta en la resurrección de Cristo (Ef. 2:6; Jn. 14:19; 2 Ti. 2:11).
La “herida” mencionada en el versículo 24 denota un sufrimiento que condujo a la muerte. Según Génesis 3:15, la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente, y la serpiente heriría el calcañar de la simiente de la mujer. La herida de Génesis 3:15 está relacionada con la herida que se menciona en 2:24. De acuerdo con el versículo 24, nosotros fuimos sanados por la herida de Cristo. Esto significa que fuimos sanados de la muerte. Nosotros estábamos muertos (Ef. 2:1), pero Cristo, al sufrir la muerte, nos sanó de nuestra muerte para que nosotros vivamos en Su resurrección.