Versículos de la Biblia: Lucas 22:52-54 .Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos, que habían venido contra Él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros día tras día en el templo, no extendisteis las manos contra Mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote.

Palabras del ministerio: El Salvador-Hombre no temía ser arrestado, sino que se enfrentó a la situación con valentía, condenando aun la hipocresía de los que le arrestaban. En realidad, el Señor no fue arrestado, sino que El mismo se entregó. Si no hubiera hecho esto, ¿quién podía arrestarle? Cuando leemos Lucas 22:47—23:56, tenemos que saber quién fue realmente arrestado, juzgado y crucificado. Vemos que arrestaron al propio Dios, Dios en un hombre. Esto quiere decir que Dios fue arrestado por el hombre que Él mismo creó, y lo hizo con engaño. ¿No debió el Dios justo juzgarlos inmediatamente? Pero en vez de hacer esto, les dejó. Se dejó arrestar para redimir a Sus seguidores y a los que le arrestaron.
En el pasaje 22:63 se nos dice que los hombres que custodiaban al Salvador-Hombre “le escarnecían y le golpeaban”. Luego vemos que “vendándole los ojos le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? Y decían otras muchas cosas contra Él, blasfemando” (vs. 64-65). Aquel que escarnecían, golpeaban y blasfemaban era el propio Dios-Hombre, es decir, el que sufría era Dios en un hombre. Si tenemos esto en mente cuando leemos este capítulo, nos impresionará profundamente que la persona que vendaron los ojos y blasfemaron era el Dios-Hombre.