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Versículos de la Biblia:  1 Pedro 3:14-15 Mas aun si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre a presentar defensa ante todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros.


Palabras del ministerio


Hace algún tiempo les conté una historia que escuché acerca de una joven que sufrió el martirio durante la rebelión Bóxer en China. Este incidente sucedió en Pekín. A causa del movimiento Bóxer, todos los negocios de la ciudad cerraron sus establecimientos. Un joven, que trabajaba como aprendiz en cierto negocio, no se atrevió a abrir la puerta del local donde se encontraba. Así que, asomándose por la rendija de la puerta, vio a los bóxeres desfilando por la calle. Podía oír el clamor y los gritos. Luego vio a algunos de los bóxeres que con espada en mano, amenazaban a una joven. Ella era cristiana. Iba sentada en una carreta que la llevaría al lugar de su martirio. Aunque los bóxeres la rodeaban, vociferando, gritando y pronunciando amenazas, ella no mostraba ningún temor. Su rostro resplandecía, y ella iba gozándose en el Señor y alabándole.


Este espectáculo conmovió profundamente a aquel joven. Aunque no era creyente, a partir de ese momento, él tomó la decisión de conocer más acerca de la fe cristiana. Dijo para sus adentros: “Si esto no fuera más que una religión occidental, ¿por qué aquella joven no se veía atemorizada por las amenazas ni los gritos? ¿Por qué no tenía ningún temor de morir? ¿Por qué resplandecía su rostro, y por qué se regocijaba?”. En aquel entonces este joven no se dio cuenta de que ella estaba alabando al Señor. Más tarde, él creyó en el Señor y llegó a ser un predicador.


Aquella joven que sufrió el martirio durante la rebelión Bóxer santificó verdaderamente a Cristo como Señor en su corazón. El resplandor en su rostro, su regocijo y sus alabanzas, todo ello, expresaba que el Señor estaba en su corazón. Espontáneamente, ella santificó a Cristo como Señor. Al santificar a Cristo de esta manera, ella influyó en aquel joven para que creyera en el Señor