Sergio Trujillo
Diputado Asamblea del Huila
Hay cosas que no pueden pasar de agache. Y mucho menos cuando para conseguir unas cuantas visualizaciones se pisotea la dignidad de las mujeres, se lanza una acusación vulgar contra el Gobernador del Huila y se utiliza una de las tradiciones más queridas de nuestro departamento como materia prima para el insulto.
Lo ocurrido con el video publicado por el comediante Gabriel Murillo merece nuestro rechazo.
Que quede claro: no estamos en contra del humor. Estamos en contra de convertir la humillación, el sexismo y la vulgaridad en espectáculo. El humor incomoda, cuestiona, exagera, caricaturiza y hasta puede ser políticamente incorrecto. Esa es parte de su naturaleza. Pero entre hacer humor y denigrar a una mujer hay una línea. Entre la sátira política y una afirmación ofensiva hay una línea. Entre provocar una carcajada y atropellar la honra de las personas también hay una línea.
Y esa línea se llama respeto. Las candidatas del Festival del Bambuco no son objetos para alimentar un algoritmo. Son mujeres que representan municipios, departamentos, familias y tradiciones. Ellas mismas lo han dicho con enorme dignidad: aceptan la crítica y entienden la exposición pública, pero no aceptan ser reducidas a su cuerpo ni convertidas en blanco de expresiones sexistas, vulgares o humillantes.
Por eso quiero reconocer públicamente la posición de la gestora social del Huila, Ángela Parra, quien salió en defensa de nuestras mujeres, de las reinas y de una celebración que pertenece a todos los huilenses. Hizo bien al exigir el retiro de las expresiones degradantes, la rectificación de las afirmaciones falsas y unas disculpas públicas.
Ángela puso sobre la mesa otro asunto que no podemos minimizar: la violencia también ocurre en internet. Una expresión denigrante puede multiplicarse miles de veces, alimentar nuevos ataques y dejar una huella que trasciende la pantalla. Precisamente por eso cobra mayor sentido la campaña “Huila Grande baila Sanjuanero sin miedos ni violencias”, que busca que nuestras mujeres puedan vivir y representar nuestras tradiciones libres de acoso, discriminación y violencia, incluida la violencia cibernética.
También respaldo la reacción del alcalde de Pitalito, Yider Luna, quien anunció su rechazo a este comportamiento, declaró al comediante persona no grata y manifestó que no permitirá su presentación en escenarios públicos u oficiales de su municipio.
Desde la Asamblea Departamental mi posición también es inequívoca: no nos prestaremos para promover ni legitimar espectáculos que encuentren en la degradación de las mujeres una fórmula para conseguir aplausos.
Y hago un llamado respetuoso, pero firme, a empresarios, productores, propietarios y administradores de escenarios privados del Huila: también ustedes deciden qué clase de espectáculo respaldan. La libertad artística merece todas las garantías; pero la sociedad también tiene el derecho de decidir a quién le compra una boleta, a quién le abre un escenario y qué contenidos quiere premiar con su dinero y su presencia.
Porque humor de calidad tenemos de sobra. Jaime Garzón demostró que se podía hacer reír a un país mientras se cuestionaba al poder, se retrataban nuestras contradicciones y se obligaba a pensar. Y sin ir tan lejos, el Huila tiene en Jhovanoty un referente nacional que ha construido una carrera alrededor de la imitación, los personajes, la observación de nuestra cotidianidad y el ingenio.
Cuando hay talento, no hace falta degradar a una mujer para provocar una carcajada. La grosería por sí sola no es irreverencia. El insulto no se convierte automáticamente en humor porque haya una cámara encendida. Y utilizar la dignidad ajena como carnada para generar reproducciones no puede normalizarse como estrategia de redes sociales.
También corresponde a la justicia hacer su parte. Las mujeres afectadas solicitaron formalmente el retiro del contenido, la rectificación de afirmaciones que consideran falsas y ofensivas y unas disculpas públicas; además, anunciaron que, de no obtener respuesta adecuada, acudirán a los mecanismos constitucionales y legales correspondientes.
Esperamos que, llegado el caso, las instituciones actúen con rigor, oportunidad y todas las garantías. La violencia contra las mujeres, incluida la que se produce y multiplica en escenarios digitales, no puede tratarse como un asunto menor.
Pero hay una sanción que no depende de jueces, alcaldes, diputados ni gobernadores. Depende de nosotros.
No asistir. No comprar la boleta. No compartir el video. No convertir el insulto en tendencia. A quienes creen que para hacerse visibles tienen que irrespetar al Huila, a sus mujeres, a sus autoridades o a sus tradiciones, los huilenses podemos responder de la manera más contundente: no dándoles audiencia.
El Festival del Bambuco es demasiado grande, nuestras mujeres merecen demasiado respeto y el Huila tiene demasiada dignidad para permitir que alguien pretenda convertirlos en el precio de una entrada o en unos cuantos clics.
Defendamos el humor. Defendamos la libertad de expresión. Pero defendamos con la misma fuerza una regla elemental para vivir en sociedad… no todo vale por una risa.