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Alfonso Vélez Jaramillo

Las noticias de los medios convencionales y de las redes sociales, junto con los reportes de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) sobre los incendios forestales, muestran un escenario de absoluta  intranquilidad en todo el país.  

Inclusive, muchos piensan que la  situación está saliéndose de las manos a los gobiernos territoriales y a la misma UNGRD.

La zozobra crece cuando la UNGRD reconoce la afectación de 119.569 hectáreas consumidas por el fuego en esta temporada del fenómeno de El Niño.

Este fenómeno fue anunciado como uno de los más calurosos por el aumento de la temperatura, las sequías y la variación del clima en diferentes lugares del mundo. 

Ya son 230 municipios del territorio nacional afectados y el departamento del Tolima es el que con mayor rigor ha sufrido el impacto ambiental por el número de hectáreas acabadas por las conflagraciones.

En el Huila se han  registrado 96 incendios y unas 2.167 hectáreas de cobertura vegetal incineradas por los  incendios forestales que están llegando a cabeceras  municipales. 

La Oficina de Gestión del Riesgo de Desastres del Huila, reporta 161 emergencias por incendios en 22 municipios, del departamento.

Según los expertos, entre el 90% y el 99% de los incendios forestales son provocados por la acción  humana, ya sea por negligencia, de forma intencional o por manos criminales.

Entre los más comunes: Las quemas por el uso del fuego para limpiar terrenos agrícolas, que luego son incontrolables. 

Menos mal que quienes limpian las orillas de las carreteras ya son inspeccionados por las autoridades, pues eran quienes producían quemas en las vías y de muchas fincas aledañas. 

Igual, hay incendios por negligencias al lanzar colillas de cigarrillos, fogatas mal apagadas y basura o botellas  de vidrio que generan el fuego mediante el efecto llamado lupa.

Y las manos criminales que incendian bosques y acaban con la flora y la fauna por intereses económicos cuyo fin es ampliar la frontera agrícola y la expansión ilegal  de tierras o por actos vandálicos.

Un incendio forestal provocado, no es sólo atentar contra la naturaleza y el agua, es un atentado directo contra la humanidad. 

El agua es la base física de la vida y pertenece al rango de los derechos fundamentales. Hay suelos que tardan años y décadas para recuperarse.

Es hora de que el gobierno, el congreso, los jueces y los organismos de control endurezcan su mirada contra los pirómanos que están acabando con los bosques. 
 
La Organización de las Naciones Unidas, ONU, reconocen como un derecho indispensable para vivir con dignidad el acceso al agua potable y al saneamiento.
 
Así de suave: Acabando los bosques, están terminando con la dignidad de las personas. 
 
Además, la agricultura y la ganadería dependen por completo de las fuentes hídricas limpias para producir los alimentos que consumen las poblaciones.
 
Quien contamine o destruya las fuentes de agua priva a la comunidad del preciado líquido, el recurso vital para la vida de todos los seres humanos.
 
Si se trata de un trastorno psiquiátrico, es un disturbio criminal que merece atención urgente. La piromanía es una condición psiquiátrica dentro de los trastornos del control de impulsos. 
 
Los expertos aseguran que esta perturbación consiste en una necesidad frecuente e incontrolable de provocar incendios sin un motivo económico o ideológico aparente.

Los individuos con síntomas de piromanía sienten una tensión creciente antes de iniciar el fuego y, posteriormente, experimentan alivio o satisfacción al ver las llamas o participar en la extinción.
 
Este comportamiento no suele relacionarse con otras motivaciones, y esto lo diferencia de los demás actos deliberados de incendio. 
 
Este individuo no mide las consecuencias para la vida de las personas, por cuya razón se debe legislar y establecer medidas de seguridad preventivas o penales fuertes contra quienes cometen esta clase de delitos.

Sin ser psicólogo ni experto, creo que esta sensación puede estar ligada al rango de los demás trastornos a nivel psíquico, aunque pertenezcan  a categorías diagnósticas distintas.

La piromanía es un diagnóstico clínico ligado al trastorno del control de impulsos que puede estar relacionado con las perturbaciones.

No estoy exagerando: Puede estar relacionado con las personas a las que les gusta la sensación de observar escenas eróticas, desnudas u obscenas para obtener placer o excitación, como los voyeristas.
La piromanía es un trastorno del control de los impulsos donde se busca liberar tensión o sentir alivio al provocar incendios. 

El trastorno voyerista es una parafilia o, patrón de excitación sexual centrado en objetos, situaciones, fantasías o personas poco habituales que se desvían de las prácticas convencionales
Disculpen la comparación, pero uno y otro, son trastornos muy peligrosos, a los cuales se les debe poner mucha atención, porque son de salud pública o criminales.

En estos términos, podríamos estar en situaciones generadas por criminales o “locos”, término  popular o coloquial para determinar si una persona es inimputable ante la ley, porque no se sabe que locuras puedan seguir cometiendo.