Por Eduardo Gutiérrez Arias
En las 32 capitales de departamentos en Colombia, miles de personas se congregaron el pasado siete de enero, convocadas por el presidente Gustavo Petro para expresar su apoyo al gobierno y su defensa del principio de soberanía nacional, sin el cual no habrá libertad ni autonomía para nuestro desarrollo. Esto a raíz de las amenazas del presidente Donald Trump contra nuestro mandatario, al que acusó en forma cínica de ser narcoterrorista y de exportar cocaína a EE.UU., cuando una de sus principales labores de gobierno ha sido combatir el narcotráfico habiéndose incautado más de 2.500 toneladas de cocaína y erradicado más de 30.000 hectáreas de coca, siendo la administración que más resultados ha podido demostrar en esta materia. La gente salió a las calles portando las banderas de Colombia y sus camisetas de nuestra selección, sin ninguna coacción ni estímulo material, guiadas únicamente por su conciencia patriótica y democrática, y como defensa de la Constitución Nacional en cuyo artículo tercero se establece que la soberanía nacional reside exclusivamente en el pueblo quien la ejercerá directamente o a través de sus representantes.
Después de los terribles acontecimientos de la madrugada del 3 de enero en Venezuela, cuando comandos élite de las Fuerzas Armadas Norteamericanas invadieron territorio del hermano país, bombardearon sitios estratégicos de defensa nacional, se tomaron la casa de gobierno y se llevaron secuestrado al presidente Nicolás Maduro, dejando más de 80 muertos y decenas de heridos en el operativo militar, la extrema derecha colombiana, comenzó a pedirle al Presidente Norteamericano, hacer una acción similar en nuestro país, incluyendo la captura de nuestro presidente legítimo. Pedirle a una potencia extranjera que intervenga militarmente en el país y viole su soberanía, es una grave traición a la patria contemplada como delito en nuestras normas penales, que debe ser investigada y sancionada ejemplarmente.
El mismo siete de enero, poco antes de la concentración en la Plaza de Bolívar de Bogotá en donde el presidente intervino, recibió una llamada del presidente Donald Trump que duró aproximadamente una hora, en la que hablaron del problema del narcotráfico y de las diferencias que han tenido en los últimos meses. Trump celebró el tono diplomático en que se realizó esta conversación y terminó invitando a Gustavo Petro a una entrevista personal en la Casa Blanca, la que ha comenzado a prepararse para los primeros días de febrero próximo.
Esto distiende la conflictiva relación entre las dos naciones y abre espacios para que sea la diplomacia la que contribuya a resolver las diferencias. Los chantajes, amenazas y agresiones de la primera potencia mundial contra los pueblos del tercer mundo, aviva la violencia y nos acerca peligrosamente a una tercera guerra mundial de la que ningún país saldrá indemne.