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Por Eduardo Gutiérrez Arias

 

Colombia atraviesa un período de crisis en sus estructuras de poder. Los partidos políticos antiguos y nuevos, sufren profundos fraccionamientos internos y una gran pérdida de credibilidad ante la opinión nacional. Los programas y proyectos de gobierno para enfrentar los problemas de país y sus regiones, como principal forma de diferenciación entre unos y otros, se ha reemplazado por el clientelismo y la politiquería. Se trata de ganar adeptos con puestos públicos y con contratos. La compra de votos se ha venido generalizando.

Los métodos de gobierno y dirección de los partidos no se construyen por procedimientos democráticos como los Congresos y Asambleas a los que deben concurrir militantes elegidos por las bases, sino por los métodos del “ordeno” y “mando” de los jefes en una vieja práctica del gamonalismo y caudillismo. Todos esto ha sido un caldo de cultivo que estimula la corrupción en el aparato estatal y la descomposición moral de sus dirigentes.

La izquierda colombiana, que hace mucho rato viene proponiendo y buscando la unidad no solamente entre sus diferentes tendencias y vertientes, sino también con las corrientes socialdemócratas, partidarias también de profundos cambios en la estructura económica, social y política del país, logró en las elecciones del 2022, gestar una alianza que le permitió por primera vez, alcanzar la presidencia e iniciar un proceso de reformas, algunas de las cuales han podido avanzar, otras han tenido muchas dificultades, especialmente por la oposición de la derecha que cuenta con una notable presencia en el Congreso.

El presidente ha propuesto dos mecanismos esenciales para darle continuidad al cambio: la unidad de la izquierda en un solo partido, el Pacto Histórico. De él hace parte hoy el Polo Democrático, la Unión Patriótica, el Partido Comunista, la Colombia Humana y los Progresistas. La segunda es la creación de un Frente Amplio con las diversas corrientes socialdemócratas nacionales que se está llamando hoy el Pacto Amplio.

En el proceso de legalización, este partido lleva ya cerca de dos años y solo hasta hace pocas semanas obtuvo su personería jurídica cuando ya la campaña electoral para Congreso y presidencia, había iniciado. Así debió enfrentarla sin haber realizado aún su Congreso Fundacional que le permita aprobar Programa, Estatutos y elegir dirección. Con direcciones provisionales tanto nacional como departamentales y con Programa y Estatutos aun no aprobados por un congreso, se enfrenta hoy esta lucha por la continuidad del cambio democrático. Esta es una limitación de la que El Pacto podrá salir airoso manteniendo la mayor amplitud, responsabilidad y madurez, que le han dado tantos años de lucha. Siendo el único partido que ha definido sus candidaturas por consultas democráticas su llamado para el 8 de marzo es depositar 3 votos por el Pacto: uno por Senado, otro por Cámara y la consulta de presidencia.