Por Eduardo Gutiérrez Arias
La reciente orden de captura emitida por un juez penal de Bogotá contra Carlos Ramón González, me ha traído a la memoria un episodio de finales del año 2005, cuando estábamos creando en Neiva el que posteriormente se llamaría Partido Verde Opción Centro. Eran los tiempos del gobierno de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe. La UP había sido privada de su personería jurídica, la campaña de exterminio contra sus dirigentes continuaba y estaban en auge los llamados “falsos positivos” con los que el gobierno quería mostrar que la guerra contra las guerrillas se estaba ganando. En general, los miembros de la izquierda éramos sindicados como auxiliadores de la insurgencia, perseguidos y amenazados desde el Estado. En buena parte por eso decidimos participar en el proceso de creación de un nuevo partido de Centro que recogería los ideales verdes de la defensa ambiental, la democracia más amplia y el desarrollo social.
En la reunión donde se creó este nuevo movimiento a nivel regional, me postularon para hacer parte de su dirección local y obtuve la más alta votación. Por tal motivo me nombraron como coordinador. Cuando se fue a seleccionar nuestros candidatos para las elecciones del 2006, la dirección regional propuso hacer una consulta departamental para tal fin. Sin embargo, en la siguiente semana el Director Ejecutivo del Partido, Carlos Ramón González nos envió una comunicación, advirtiendo que por estatutos él era la persona facultada para autorizar candidaturas y que delegaba en Miguel Rodríguez, miembro de la dirección departamental, para que, en coordinación con él, se definieran estas candidaturas.
El Partido se había creado en Bogotá y sus estatutos en verdad facultaban a su Director Ejecutivo para tomar decisiones de tanta trascendencia como esta de quienes serían sus candidatos en el proceso electoral. Por este motivo renuncié al partido en una carta que su director nunca me contestó. De hecho, en sus 20 años de existencia, los estatutos siguen siendo una muestra de modelo feudal gamonalezco. Es lamentable que prestigiosos intelectuales demócratas continúen vinculados a él, organizados en torno a normas que muy poco tienen de democracia interna. Esto demuestra las grandes limitaciones colombianas en la construcción de una verdadera cultura democrática en política.
Gustavo Petro, ha confiado demasiado en sus viejos amigos y coequiperos y algunos no han sabido corresponder a la confianza del líder, afectando su administración. El escándalo por corrupción en la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres es una muestra de esa debilidad. La izquierda, en medio de su dispersión, con más de 10 partiditos, no ha tenido ni la organización ni la fuerza para ser el partido de gobierno que el presidente necesita para acometer las grandes tareas del cambio.