Gabriel Calderón Molina
El 25 de junio de 2022 en mi columna ‘Colombia víctima del narcotráfico’, me referí a lo escrito por Wade Davis, antropólogo, geógrafo e historiador canadiense nacionalizado en Colombia, en su libro ‘Magdalena’ cuando afirma que la “coca es el principal responsable de las agonías del país, gasolina que alimenta el fuego de un conflicto que ya se hubiera desvanecido hace décadas sin ella”. Y agrega, la coca no es cocaína. La cocaína es el producto de la transformación que a través de procesos químicos convierte la planta natural en cocaína. Desafortunadamente las bandas criminales la convierten en cocaína sin importarles las consecuencias sobre la salud de los humanos. Su objetivo es el dinero a como dé lugar, y por ello utilizan la violencia y propician la dependencia de su consumo en niños, adolescentes y demás personas porque aumenta sus ganancias.
Lo que no se llegó a imaginar Wade Davis es lo que ahora está sucediendo. Una confrontación con EE.UU. en la que los perdedores somos todos los colombianos por equivocaciones políticas de este gobierno no combatir el aumento del cultivo de la coca y por consiguiente del narcotráfico, a lo cual se suma la lengua descontrolada, autoritaria y provocadora de un presidente que desde las calles de Nueva York desafió al mandatario de la primera potencia del mundo. Pareciera que desconocía, primero, que los aportes de ese país que recibe Colombia para combatir el cultivo de la coca y la comercialización de la cocaína son fundamentales para poder combatirlo; y segundo, que gran parte de la economía nacional depende de las exportaciones de muchos de nuestros productos agropecuarios hacia la nación del norte. Esa conducta torpemente desafiante y carente de inteligencia diplomática, está poniendo en riesgo la estabilidad económica de los colombianos, particularmente de los cafeteros, cultivadores de flores, frutas, piscicultores y productos minero –energéticos, cuyos productos tienen en EE.UU. el gran mercado para su comercialización.
La confrontación se puede volver permanente porque a los narcotraficantes no les importa quién gobierne a Colombia, sino sus ganancias. Esto explica que el país mientras produzca coca y exista el narcotráfico, tendrá no pocos problemas con EE.UU. y otros países, lo cual lo obliga a combatir a fondo organizaciones como el Eln, el Clan del golfo, disidencias la Farc que tienen ahora en el narcotráfico la razón de su existencia sin importarles la inseguridad que generan y que a todos los colombianos a diario nos agobia y que se traduce en secuestros, reclutamiento de menores, extorsión, asesinatos de miembros de la fuerza pública.
Para cualquiera que comprenda la dimensión del problema es fácil entender que el próximo gobierno debe comprometerse a fondo con la misión de combatir, en común acuerdo con otros países, del cultivo de la coca y el narcotráfico. Este gobierno ha sido muy débil con esta estrategia y ahí vemos las consecuencias, por eso muchos somos víctimas de sus equivocaciones.