RADIO EN VIVO
00:00 / 00:00

Por Wilfred Trujillo Trujillo*

 

En el Huila el café no es solo cultivo, es identidad, familia y territorio. Crecimos oliendo a cereza madura y a beneficiadero, con historias de madrugadas en la finca y tardes de plaza donde el precio del día define la conversación. Por eso hablar de café es hablar de nosotros, y de la responsabilidad de darle al grano el lugar que merece en una economía que se transforma.

 

Ese lugar se llama valor agregado y, en nuestro caso, tiene nombre propio; cafés especiales. No es una etiqueta de moda; es un estándar internacional que reconoce atributos diferenciados de taza y procesos rigurosos desde la siembra hasta la preparación. En términos simples, un café que alcanza o supera los umbrales de calidad en catación, con trazabilidad y consistencia sensorial, logra mejores precios y mercados más estables. Así lo define la industria global cuando habla de cafés que superan el umbral técnico de especialidad, bajo los criterios de evaluación más reconocidos.

 

¿Por qué insistir en esto desde el Huila?, porque cuando un territorio produce calidad y la demuestra, la economía local lo siente. Colombia acaba de cerrar el mejor año cafetero en más de tres décadas, entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, la producción creció 17% hasta 14,87 millones de sacos de 60 kg, impulsada por clima favorable y renovación de cafetales. Es una buena noticia nacional, pero también una oportunidad para que regiones como la nuestra escalen en diferenciación, no solo en volumen.

 

En el sur del departamento tenemos ventajas que no son teoría, Pitalito y Acevedo figuran como los municipios con mayor área sembrada de café en Colombia, y miles de familias sostienen una cultura productiva que el mundo reconoce. Cuando decimos que Pitalito es capital de cafés especiales no es exageración, es el resultado de décadas de trabajo, puntajes altos en concursos y una cadena que aprendió a hablar el idioma de la calidad.

 

Ahora bien, ¿qué significa “valor agregado” en cafés especiales?, significa cuidar el grano en cada eslabón; recolección selectiva, beneficios limpios que respeten el agua y la microbiología del proceso, secado controlado, almacenamiento adecuado, catación como herramienta de mejora y, cada vez más, tostión de origen con narrativa de finca, lote y productor. Es trazar perfiles sensoriales, explorar procesos de lavado y fermentación, documentar trazabilidad y abrir canales comerciales que paguen esa diferencia, subastas, microlotes, tostadoras de especialidad y consumo consciente. Cuando todo eso se alinea, el precio deja de ser solo “el de bolsa” y empieza a reflejar trabajo y conocimiento.

 

En esta ruta, las y los jóvenes del campo huilense están marcando el ritmo. Muchos de ellos son fruto de procesos formativos nacidos en el corregimiento de Bruselas en Pitalito, como el reconocido proyecto Relevo Generacional, liderado por el caficultor Salomón Artunduaga, que desde hace años viene formando nuevas generaciones en cultivo, transformación, catación, emprendimiento y apertura de mercados. Ese semillero no solo retiene talento en el campo evitando la migración juvenil, sino que está cambiando la mirada local hacia una caficultura empresarial: los niños y jóvenes aprenden a concebir el café como materia prima para valor agregado, marca y exportación, y participan en ferias y escuelas de café que los conectan con cadenas de comercialización y alianzas institucionales. Además, el proyecto ha avanzado gracias a articulaciones con la administración municipal, el SENA y programas departamentales que han aportado formación, equipos y visibilidad, fortaleciendo la capacidad productiva y empresarial de las nuevas generaciones.

 

La mejor demostración de que este camino es el correcto la vivimos el fin de semana pasado en Pitalito, durante Expocafé 2025. La feria, realizada del 10 al 12 de octubre con agenda académica y vitrinas para el café de especialidad, reunió a productores, catadores y compradores nacionales e internacionales alrededor de la calidad. Allí, en la subasta oficial, ocurrió algo sin precedentes: una libra de café especial se vendió por $7.000.000, en lo que medios calificaron como un récord nacional. El lote ganador fue un Geisha tostado del productor Víctor Andrés Ramírez del corregimiento de Bruselas, que conquistó a más de 40 compradores conectados a la puja, Además, ese café obtuvo un puntaje de aproximadamente 90 puntos en la evaluación sensorial que lo avala como ejemplar de altísimo nivel.

 

La historia tiene otro detalle que habla de ecosistema, la compradora fue una empresaria laboyana, tostadora de oficio, quien destacó que su puja era también un reconocimiento al trabajo de las familias cafeteras y anunció que la libra viajará a Madrid como símbolo del presente y futuro del Huila cafetero. Más que una anécdota, es un mensaje potente, pues cuando origen, calidad y tostión dialogan, el territorio captura valor y prestigio; Rubiela, oriunda de una familia con tradición cafetera y reconocida trayectoria en catación a nivel nacional e internacional, ha consolidado su su apuesta por ese lote, no solo refleja gusto y conocimiento técnico, sino también un compromiso estratégico para visibilizar al productor local del corregimiento de Bruselas y proyectarlo internacionalmente.

 

Por eso quiero reconocer públicamente a Expo Café Pitalito como la vitrina que confirma el rumbo, calidad medible, competencia sana, compradores reales, transparencia en los procesos y celebración del talento local. Eventos así ordenan la conversación, premian perfiles de taza, muestran el músculo juvenil y acercan al productor a mesas donde el precio refleja excelencia. Que una libra haya alcanzado un precio histórico no es casualidad ni golpe de suerte, es el resultado de años de disciplina, aprendizaje y trabajo asociativo en el sur del Huila.

 

Cierro con una convicción que nace del territorio, esta es la línea a seguir. Sumemos esfuerzos para que más fincas transiten a la calidad verificable y a la venta diferenciada; acompañemos a nuestros jóvenes que ya piensan el café con mentalidad empresarial y mantengamos vivas estas vitrinas que muestran al país y al mundo lo que somos capaces de producir. El Huila ya demostró que tiene café de clase mundial, ahora, con la fuerza de su gente, nos queda sostener y multiplicar ese logro, libra a libra, taza a taza.


Expocafé dejó un mensaje claro, cuando hay conocimiento, trazabilidad y jóvenes al timón, el precio reconoce el esfuerzo.
 Que el récord no cierre una historia, que abra una era.

 

*Diputado Asamblea del Huila