Versículos de la Biblia
Juan 1:4 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. (5) La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Palabras del ministerio
El pronombre Él del versículo 1:4 denota la Palabra, quien era Dios y por medio de quien todas las cosas llegaron a existir. En Él estaba la vida. ¿Por qué creó Él todas las cosas antes de que viniera para ser la vida? Porque se necesitaba un recipiente, un envase, que lo recibiera como vida. Supongamos que Él hubiese venido para ser vida sin haber creado algo. ¿Para quien sería Él la vida? Aunque Él fuese vida, no hubiese habido nada que lo recibiera como vida. Por lo tanto, antes de que Él viniera como vida, creó los cielos, la tierra y al hombre, y le dio a éste un espíritu para que le recibiera. Zacarías 12:1 dice que el Señor "extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él". Así que, los cielos fueron creados para la tierra, la tierra para el hombre y el hombre fue creado con un espíritu para que recibiera a Dios. Ahora la Palabra puede venir como vida para ser recibida por el hombre creado por Él. La creación produjo el recipiente para la vida.
Ya vimos que la vida está en la Palabra. La vida sólo puede hallarse en la expresión de Dios. La Palabra, la cual es la expresión y la explicación de Dios, contiene a Dios como nuestra vida. Cuando recibimos la Palabra, recibimos la vida que está en ella. Tanto la Palabra como la vida son Dios mismo. La Palabra es la expresión de Dios, y la vida es el contenido mismo de Dios. Cuando escuchamos la Palabra vemos que Dios es expresado y explicado; cuando recibimos la Palabra recibimos la vida, el mismo contenido de Dios como vida, y así nacimos de Dios y llegamos a ser Sus hijos. La vida que está en la Palabra es el contenido mismo de Dios.
El hombre fue creado como un vaso para contener a Dios como vida. Sin embargo, en su creación él era un vaso vacío; no tenía la vida genuina. La vida creada del hombre no es genuina; la vida genuina es la vida divina, la cual está en Cristo. ¿Qué clase de vida tenía usted antes de recibir a Cristo? Era, a lo más, una vida temporal; no era permanente, no era perpetua. Aunque era una vida instantánea, no era constante. Antes de que recibiésemos a Cristo, no teníamos certeza acerca de cuánto tiempo duraría nuestra vida. Así que, en cierto sentido, antes de que fuésemos salvos, no teníamos vida. La vida que está en Cristo es eterna, constante y permanente. Todos los hombres necesitan tal vida, la vida divina e increada que está en Cristo. Esta vida es para el hombre, y el hombre es el receptor de esta vida.