Versículos de la Biblia
Juan 12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
Romanos 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos en Su vida.
Palabras del ministerio
El aspecto vivificante de la muerte del Señor es aun más maravilloso que el aspecto redentor. La redención es excelente, maravillosa, y parece que nada puede superarla, pero el impartir de la vida excede a la redención. Supongamos que un pecador viene al Señor y cree en Él como el Cordero de Dios que murió en la cruz y derramó Su sangre por sus pecados. La sangre incluso forma un manantial en el que él puede ser limpiado... Aunque ha sido lavado todavía está muerto (en su espíritu), como un cadáver que se halla en una funeraria. Es un muerto limpio, porque es una persona muerta que ha sido lavada por la sangre. En esto podemos ver que no es suficiente ser lavado por la sangre. Debemos también ser vivientes.
Si somos redimidos pero no hemos renacido, nuestra condición aún es pobre. El propósito de Dios consiste en que la vida sea impartida después de la redención. Tal es la finalidad de la redención, para que podamos recibir la vida divina. El agua debe venir después de la sangre. La sangre redime y forma una fuente en la que podemos ser lavados, y el agua regenera y forma un manantial de agua viva de la que podemos beber en cualquier momento. Exteriormente estamos lavados, e interiormente estamos llenos de esta vida divina. Ahora no sólo estamos limpios, también tenemos vida, y podemos clamar: "¡Aleluya, fui redimido y nací de nuevo!"