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Versículos de la Biblia

Filipenses 4:5-8 Sea conocido de todos los hombres lo comprensivos que sois. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino en toda ocasión sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios por medio de oración y súplica, con acción de gracias; por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, a esto estad atentos.

Palabras del ministerio

 

No sería lógico que Pablo, después de abundar tanto en el tema de experimentar a Cristo, presentara en el capítulo cuatro las virtudes humanas desde una perspectiva meramente ética. Por consiguiente, concluimos que las características excelentes de la vida cristiana presentadas en estos versículos deben ser más que simples atributos naturales; deben ser la propia expresión del Cristo que vive en nosotros.

 

Podemos comparar estas excelentes características con un guante que expresa la mano, y a Cristo, con la mano que entra en el guante y llega a ser su contenido. Hemos dicho que las virtudes humanas fueron creadas por Dios como “un guante”, que sirve para contener los atributos divinos como su realidad. En otras palabras, las virtudes humanas son el vaso que ha de contener a Cristo, quienes el contenido divino. Virtudes tales como la benignidad, la veracidad y la dignidad sólo son sombras, no la realidad; son únicamente el vaso, y no el contenido. Sin embargo, la benignidad, la veracidad y la dignidad divinas son la realidad y la sustancia de la benignidad, la veracidad y la dignidad humanas.Antes de que Cristo entrara en nosotros y ocupara nuestro ser, nuestras virtudes eran como un guante vacío. Pero una vez que Él se instaló en nosotros y vino a ocupar cada parte de nuestro ser, dicho “guante” fue ocupado

 

por la mano viviente. Sin la mano, el guante estaría vacío y sin vida; ni siquiera tendría apariencia de vida. No obstante, cuando la mano entra en él, aunque el guante sigue siendo un guante, ahora contiene algo viviente; y por ende, adquiere una expresión viva. En principio, esto también se aplica a nuestras virtudes. Si nuestras virtudes no son ocupadas por Cristo, no podrán expresarlo, estarán vacías y carecerán de la verdadera vida. Pero cuando el Cristo vivo entra en ellas, son llenas de realidad y llegan a ser Su expresión.