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Versículos de la Biblia: Hechos 16:31-34 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra de Dios a él y a todos los que estaban en su casa. . . y en seguida se bautizó él con todos los suyos… y se regocijó de que toda su casa hubiera creído en Dios.


Palabras del ministerio
(Parte 2 de 2)

 

Aquí podemos contemplar un cuadro maravilloso. Al comienzo, la promesa le fue hecha al carcelero, pero nadie más escuchó tales palabras. Más tarde, el carcelero trajo su familia a Pablo. Después que Pablo les hubo hablado, ellos fueron bautizados. Entonces, el carcelero trajo a todos a su casa, y se regocijó él y toda su casa por haber creído en Dios. El apóstol le hizo al carcelero una promesa, y toda su casa fue salva. Todos escucharon, todos fueron bautizados y todos se regocijaron.

 


Supongamos que el apóstol le hubiese dicho al carcelero: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo”. Si tal fuera el caso, tendríamos que dejar pasar algunos días posteriores a la salvación de esta persona, enseñarle algo con la esperanza de que comprenda y, sólo entonces, poco a poco, podríamos testificar a su familia, y entonces al final quizás su familia podría llegar a creer y ser salva. Si este hubiese sido el caso, ¿Cuánto tiempo hubiera requerido la casa del carcelero para ser salva?

 

El apóstol no predicó el evangelio de esta manera. Él no trató con cada individuo en forma particular; en lugar de ello, él se dirigió a toda la familia, y le dijo: “Tú y tu casa” serán salvos. Es imprescindible que comprendamos esto: la salvación de una familia no difiere en nada de la salvación de una persona ni es más difícil. Nunca debiéramos renunciar al privilegio de hacer que toda la familia sea salva. Si toda su familia le acompaña, toda su familia será salva.