Versículos de la Biblia
Juan 4:6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. (7) Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
Palabras del ministerio
El Señor Jesús fue al pozo, envió a todos Sus discípulos lejos, y se sentó junto al pozo para esperar a que la mujer se acercara. Si usted echa una mirada hacia atrás, a su experiencia de salvación, se dará cuenta de que este mismo principio operaba, al menos hasta cierto grado. Usted no fue al cielo, el Señor fue a usted. Él descendió al mismo lugar donde usted estaba. Yo nací en China, pero el Señor Jesús fue allí. Un día Él me esperaba en cierto lugar, y yo fui capturado por Él. ¿Y qué diría acerca de usted? Usted tampoco fue a encontrar al Salvador, ¿cierto? El Salvador vino a usted.
Mientras el Señor Jesús esperaba que la pecadora llegara, Él tenía sed. El Salvador está sediento de nosotros, pues, para Él nosotros somos el agua que apaga Su sed. ¿Se da cuenta de que usted es el agua que apaga la sed del Salvador? Parece que el Salvador dijera: "Nada puede satisfacerme, excepto tú. Yo tengo millones de ángeles en los cielos, pero ninguno de ellos puede satisfacerme. Yo he venido a la tierra a buscar el agua que apaga la sed. Tú eres el agua". Puede ser que usted sea muy humilde y diga: "No. Él es mi agua viviente. ¿Cómo puedo yo ser el agua que apaga Su sed?" No obstante, el Señor Jesús lo necesita, pues sin usted, nunca podrá estar satisfecho.