Sábado, 16 Abril 2022 05:19

LA CORRUPCION: LA SOLUCIÓN ES EDUCATIVA

Escrito por GABRIEL CALDERÓN MOLINA
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Todos los aspirantes a la presidencia de la Republica vienen ofreciendo entre sus propuestas acabar con la corrupción. Lo hacen para halagar el oído de los electores ante esta realidad que lleva muchas décadas en la historia nacional. La verdad es que ninguno de los aspirantes concreta la forma cómo lo van hacer. Para muchos de nosotros la corrupción, estimulada por la impunidad, hace años entró a formar parte de la cultura de la sociedad colombiana, del ADN como dicen algunos. Recuerdo cuando el presidente Julio César Turbay dijo el día de su posesión en 1978, que reduciría la corrupción “a sus justas proporciones”. De ahí en adelante todos los aspirantes a la presidencia prometieron acabarla. Aunque esas fueran sus intenciones, fracasaron y, por el contrario, se ha venido agudizando   causándole al país inmensos daños a su desarrollo institucional, económico y social.

 Se equivocan quienes creen que la corrupción en un asunto exclusivo de los poderes políticos. La corrupción en la política es el fiel reflejo de lo que sucede en el conjunto de la sociedad. Por eso la vemos por todas partes: en la contratación pública y privada, en las elecciones con la compra de votos, en las grandes y pequeñas empresas, en los nombramientos de funcionarios oficiales en todos los niveles (nacional, departamental y municipal), en la justicia, en el legislativo y ejecutivo, etc., en busca de la tajada económica para que los enriquezca. Recuerdo como si fuera ayer, los numerosos casos de corrupción que encontré al asumir la Alcaldía de San Agustín en 1995. Un caso: dos días después de haber ganado las elecciones, decidí viajar a Neiva. Fui a la bomba de gasolina a tanguear mi vehículo. Cuando fui a pagar el empleado de la bomba se negó a recibirme el pago. ¿Por qué? le pregunte y dijo, “yo le cargo el valor al municipio” “Cómo así”, le dije.  “No se preocupe nuevo alcalde” me dijo. “Aquí, por orden de la alcaldía, se les suministra gasolina a vehículos de los amigos del alcalde.  “Yo le cargaré el valor a uno de ellos”. “Eso es corrupción, no lo acepto”, le respondí y procedí a pagarle. Cuando asumí la alcaldía comprobé que el municipio gastaba sumas desproporcionadas en gasolina y procedí a suprimir ese privilegio corrupto a dueños de carros particulares, pues no era otra cosa que un desfalco descarado al presupuesto municipal.

Si la corrupción está presente en todos los niveles de la sociedad y queremos el cambio, la solución no es con agua tibia. Aunque los resultados sean a largo plazo la solución es Educativa a partir de la formación de los niños y los jóvenes en la ética y la educación cívica desde los hogares, colegios y universidades, como se hace en el Japón.

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