Viernes, 13 Mayo 2022 04:58

LOS HIJOS DE DIOS TAMBIÉN GIMEN

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Versículos de la Biblia

Romanos 8:22-23 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una están con dolores de parto hasta ahora, y no sólo esto, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando con anhelo la plena filiación, la redención de nuestro cuerpo.

Palabras del ministerio

Aunque nacimos como hijos de Dios mediante la regeneración, y tenemos al Espíritu como las primicias, nosotros también gemimos porque aún estamos en el cuerpo, el cual está relacionado con la vieja creación. Debemos admitir que nuestro cuerpo todavía pertenece a la vieja creación y no ha sido redimido; por eso, nosotros gemimos en este cuerpo al igual que la creación lo hace. Sin embargo, mientras gemimos, tenemos las primicias del Espíritu, las cuales se nos dan para que las disfrutemos como un anticipo de la cosecha venidera. Estas primicias son el Espíritu Santo y sirven como muestra del disfrute que tendremos de Dios en plenitud, es decir, de todo lo que Dios quiere ser para nosotros. Dios lo es todo para nosotros. El pleno disfrute vendrá en el día de la gloria. No obstante, desde ahora, antes de que tengamos el pleno disfrute, Dios nos ha dado un anticipo. Este es Su divino Espíritu como las primicias de la cosecha, la cual será el pleno disfrute de todo lo que Él es para nosotros.

Si usted habla con los incrédulos, ellos admitirán que, en cierto sentido sí disfrutan de sus entretenimientos, como por ejemplo el baile o el juego de apuestas. No obstante, también le dirán que no son felices. Se le puede preguntar a cualquiera de ellos: “¿Por qué va a bailar o a jugar al casino?, y le contestará: “Porque estoy muy triste y deprimido, y necesito entretenerme con algo”. Ellos también están gimiendo, y es lo único que hacen, pues no tienen nada más que pueden hacer. Nosotros, por el contrario, mientras gemimos, tenemos en nuestro interior el Espíritu como las primicias, como un anticipo de Dios mismo. Incluso mientras estamos sufriendo, tenemos el disfrute, o sea, el sabor de la presencia del Señor.

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