Jueves, 15 Febrero 2024 01:05

SER TRANSFORMADOS DIARIAMENTE (3)

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Versículos de la Biblia

Juan 21:17 Le dijo la tercera vez: Simón hijo de Jonás. ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le respondió: Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta Mis ovejas.

1 Tesalonicenses 2:7 Antes fuimos tiernos entre vosotros, como nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.

Palabras del ministerio

(Parte 3 de 3)

Supongamos que la cara de una persona es muy pálida. Es muy diferente cambiar el color de su tez aplicándole maquillaje a que su rostro cambie como resultado de una alimentación y un metabolismo normales. Aplicar maquillaje es lo que hacen los agentes funerarios. Ellos aplican maquillaje sobre la cara del difunto porque es imposible que éste cambie metabólicamente. En nuestra vida cristiana, no debemos aplicarnos colores de maquillaje espiritual. Más bien, debemos comer al Señor. Pablo no llevaba una obra como la que realizan los empleados de pompas fúnebres. Él no le aplicaba maquillaje a los corintios; más bien, los alimentaba. Él sabía que si comían y bebían bien, serían transformados y su tez espiritual estaría sana.

La obra que Pablo realizó fue muy diferente de la que realizan muchos obreros cristianos hoy. Muchos llevan a cabo la obra de pompas fúnebres, pero Pablo alimentaba a los santos con Cristo. Del mismo modo, la iglesia no debe ser un lugar donde la gente compra cosméticos; antes bien, debe ser el restaurante del Señor, donde Su pueblo come. Cuanto más comamos a Cristo, más seremos transformados, y esta transformación nos hará gloriosos, hará posible que llevemos la imagen del Señor, Su apariencia, Su expresión gloriosa.

La transfusión que recibimos de parte del Señor se puede comparar con la electricidad que se transmite a un juguete eléctrico. Algunos juguetes se mueven, brincan y aun bailan cuando funcionan con electricidad. Nosotros somos semejantes al juguete electrónico. Cuando Cristo se nos infunde, empezamos a movernos. Hasta tenemos la sensación de que podríamos brincar o volar. Nuestra vida cristiana es una vida de transfusión; una vida en la que el Señor se nos infunde continuamente.

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