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15 Septiembre

Francisco: El despertar de un pueblo

Escrito por  MIGUEL RODRIGUEZ HORTUA

Desde el momento en que el Papa Francisco pisó suelo colombiano, empezó a emitir frases de gran contenido filosófico que nos ha dejado perplejos a los que hicimos seguimiento a su peregrinar por Colombia. Su estilo de decir las cosas claras y sin rodeos, hace que desde el más humilde hasta el más versado, entienda la profundidad de cada uno de sus mensajes. Sin lugar a dudas a este país le estaba haciendo falta la presencia y las sabias enseñanzas de un líder espiritual como el Papa Francisco.

Gran parte del pueblo colombiano se había acostumbrado al discurso del odio, la mentira y el miedo. El Papa ha dicho: “por encima del castigo debe estar el perdón”. “A los que delinquen que se arrepientan”. Llama la atención a la alta dirigencia del país para que los escuchen y abran puertas al dialogo, y concreción de los acuerdos de paz con la insurgencia, como fórmula básica para la reconciliación nacional.

Cada frase, cada palabra expresada por el sumo pontífice tiene un inmenso poder reflexivo, que al igual que un proverbio bíblico hay que saber interpretar su contenido para poder saborear lo efectivo del mensaje. “El diablo se mete por el bolsillo”. Se refiere a los avaros que buscan dinero fácil y en grandes cantidades a través del narcotráfico, la extorción, el agiotaje, el robo del erario público, entre otros, que antes que ese dinero se convierta en el dios de la tierra, termina convirtiéndose en el diablo, que los traslada al infierno en su propio mundo.

A los jóvenes les dijo: “no se dejen robar su futuro. No tengan miedo, vuelen muy alto”. Les estaba diciendo: no se dejen seducir por el alcoholismo, las drogas, no permitan que su espíritu sea secuestrado por quienes pretenden hacerle daño al país, no se dejen engañar de los politiqueros que se roban los recursos de la educación, de la salud, los que se roban su futuro. No tengan miedo de buscar caminos para hacerse grandes en el campo académico, cultural, buenos políticos o empresarios decentes.

La presencia del Papa Francisco atrajo a millones de feligreses, que se dieron cita a su paso; para verlo, escucharlo y recibir su bendición. Unas élites de este país pensaban que el Papa se sentaría a manteles con ellos. Francisco prefirió abrazar a los niños, a las víctimas y a los humildes.

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