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13 Septiembre

Se fue Buitraguito

Escrito por  DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ

Por esa costumbre, de emisoras y televisión, por invisibilidad lo nuestro, de pronto muchos no sepan ni siquiera quién es Buitraguito. O tal vez escucharán “El ron de vinola” en diciembre, o para mencionar su música en forma despectiva digan que alguna vez lo bailaron con una tía en una fiesta familiar, pero, a raíz de su fallecimiento, vale mencionar el valor de su obra, su capacidad para poner en primer plano lo que su creación artística representa, lo que significa su vida consagrada a la música, a dar alegría a hombres y  mujeres de este país tan necesitado de ella.

Éste, considerado el máximo exponente de la música vallenata en su versión original (porque el vallenato en su esencia es interpretado con guitarra), es el creador e interprete más prolífico, más versátil, con el contenido patronímico de este aire alegre que encierra en su seno el folclor contemplativo de la alegre picardía costeña, un mestizaje arraigado en la nostalgia por lo que significa, por su contenido.

No es que nadie tenga que morir; es que la muerte es la oportunidad para la resurrección, para sentarnos entre tulpas a meditar lo que somos, en este país que necesita tanto “Dar el primer paso”, tantos primeros pasos para encontrarnos en nuestra integralidad, en nuestra nacionalidad, en nuestra construcción como país, en nuestro ser mismo de ser colombianos, para “no dejarnos engañar” porque somos una reunión de sorpresas, de colores, de sonidos, de pieles, de sentimientos, de versos y corcheas.

Es llamado el máximo representante de la música decembrina, porque las emisoras, con su carpeta comercial, por su afán de venta dejan colar alguna inspiración suya en su parrilla. Pero Buitraguito es algo más: la alegría periférica bajada de la Sierra Nevada; la proyección mayúscula venida del ala del sombrero; la dignidad desmanchada de sus trajes; el baile blanco de la alegre raza que no permite derrota. Buitraguito, si lo dejamos, entra en nuestra oscuridad para iluminar con sus paseos una sonrisa, la dicha de gozar la septembrina esperanza en el algodón y el arroz, en el maíz y la yuca, en las raíces que acostumbramos cocer con el bocachico y la res. Buitraguito no puede pasar sin ser saudade, con la felicidad del hombre que se goza la vida y ríe hasta de sus desgracias por volver a sus orígenes.

Éste es un escenario, el mejor y el único, donde posamos con nuestras mejores prendas teniendo debajo nuestra desnudez. Un cura amigo, el padre Amado, hombre santo que los hay, decía que venimos al mundo para servir. Hablaba de ser hombres como servicio. Y este Buitraguito sirvió a la alegría, al ensueño, a la nostalgia. Desde la música sirvió a un país que disfruta, que canta, que goza la vida en las calles, en las casas, en los escritorios, en los caminos, en las montañas. Este Buitraguito, del que tenemos la sensación de que ha existido desde siempre, nos deja la alegría inconmensurable, la fe en una nación que necesita creer en ella misma. Una pintura completa del trópico.

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1 comentario

  • Enlace al Comentario WILLIAM MONTEALEGRE
    WILLIAM MONTEALEGRE
    Sábado, 16 Septiembre 2017 11:41

    Excelente articulo dirigido a una audiencia que recordará siempre a Buitraguito y el ron de vinola...me gusta, me gusta, me gusta...

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