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08 Septiembre

Bienvenido, Francisco.

Escrito por  DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ

Estamos tan polarizados, que incluso la visita de un hombre que predica la paz y el amor, la sana convivencia, el respeto a la persona humana y a su entorno, es motivo de rivalidad y de enfrentamiento.

Los más vacíos se han puesto a hacer cuentas del valor de su venida. Son los mismos que le dan el 10% de lo que devengan a María Luisa Piraquive que sí sabe para qué es la platica de los diezmos de sus incautos seguidores; o a pastores corruptos que pertenecen a sectas de extraño origen generalmente nacidas en Estados Unidos con oscuro propósito.

Otros, con argumentos más altruistas, por ejemplo donar lo que se gasta en la visita a los pobres, son los mismos que pagan boletas de altísimo valor por un concierto de Rock o como en el caso del partido de Colombia Vs Brasil, que pagaron entradas en reventa de hasta cinco millones de pesos, sin acordarse de los niños que mueren de hambre en la Guajira donde a propósito la iglesia católica ha sido de las pocas entidades que desarrollan acciones sociales.

Desde luego estas personas no están obligadas a participar de las actividades y ceremonias que va a presidir Francisco. Desde luego una lástima, por el mensaje que sin duda va a ser vivo, imprescindible, amplio y luminoso por el carisma de un papa consagrado al servicio de hombres y mujeres de buena voluntad. Son los mismos que lo critican, pero que no se han asomado a las encíclicas pastorales publicadas por su papado, comprometidas con la fe en la humanidad y que exhortan a cuidar del planeta que habitamos.

Bien vale la pena estar atento al mensaje del papa Francisco en su visita pastoral. Bien vale que los colombianos abriéramos los oídos al mensaje de esta visita.

Ayudaría mucho frente a esta polarización, que quiere pasar de un enfrentamiento armado visible a una eliminación sistemática del contrario, en forma aleve o de manera subestimativa, con calificativos tenebrosos para quien no comparte ideas y comportamientos.

Aporta sin duda en un momento en que se intenta avanzar en la reconciliación; cuando se discute tanto en la forma, sin medir la real capacidad de nuestra sociedad para establecer normas de convivencia.

El mensaje de paz del jefe de la iglesia católica debería ser acogido desde todos los ángulos del pensamiento, por la misma demostración de tolerancia que ha tenido Francisco frente a otras creencias: frente a los ateos, frente a la libertad de hombres y mujeres para escoger su forma de vida y de pensamiento, no como manera de competencia ideológica, sino en la coincidencia por la percepción del mundo y la necesidad de enriquecer el escenario de nuestro hábitat, “La casa común” como él la llama en su encíclica, pensando en mejorar las condiciones de vida de las personas, de las familias, de las naciones. Este hombre que responde a la misión fundamental de la iglesia, la cual no es que todos pertenezcan a ella, sino que sea una entidad espiritual que ilumine el camino a la humanidad. Por eso, ¡Bienvenido, papa Francisco!

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