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31 Julio

El pan de cada día

Escrito por  DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ

 

El pan. Si. El pan que consumimos cada día. El alimento más tradicional de la humanidad, ni declarado patrimonio de la humanidad, ni premiado por ser el favorito en la mesa, en escasos escenarios le rinden homenaje, será porque ya tiene ganado su tributo, su pedestal es la mesa de la humanidad. Si se habla de cualquier alimento, el nombre genérico es PAN. Se lucha por el pan, llevar a diario el pan, hasta la principal oración del cristianismo refiere el pan como ruego de sustento. De allí se derivan tantos apelativos como sabores: el pan bajado del cielo, hecho cuerpo de Cristo; el pan francés, para los bocadillos españoles; el pan portugués, para acompañar salsas y bebidas; el pan árabe, una delicia de la culinaria mundial; el pan de arroz de chinos y vietnamitas; el pan de trigo, el pan de queso, el pan de maíz, las cucas, las tortas, el creissant, el pan timbiano, el pan con jamoneta, el pan relleno con arequipe del Valle del Cauca, el pan del macizo duro y oxidado, el pan peruano versión americanizada del pan árabe.

Uno de los eventos que llama la atención en Portugal es el Festival del Pan que se celebra en Albergaria-a-Velha. Allí se pueden observar las diversas variedades del pan, con stand de las regiones más representativas del país, un espacio para probar la diversidad culinaria, pero en particular el resultado de la capacidad de cocina de los portugueses con su principal alimento de su dieta cotidiana. Allá aprendí que “Pão não engorda. Quem engorda é quem come”, algo que los portugueses no asimilan y tienen capacidad de devorar desde el amanecer hasta bien cuajada la noche, conservado y relamido en toda su alimentación como sustento de su propia supervivencia.

Sin duda, comparativamente, nuestro recurso del pan es incomparable, aunque éste si hace engordar por la cantidad de aditamentos que hemos sabido incorporar, propiamente para adaptarlo mejor a nuestro paladar, pero en detrimento de su pureza alimenticia sustentada en la harina de trigo. Nosotros hemos adicionado factores de colesterol y triglicerios, además de elementos saborizantos y colorantes que lo hacen aún risgoso para el consumo. El pan europeo y asiatico es más consolidado, más sólido porque está hecho para acompañar,  para el presustento de que “al hambre no hay mal pan”. Pero contamos nosotros con una riqueza que bien pudiera ser patrimonio culinario universal: Las achiras del Huila, fenómeno alimenticio adictivo porque quien consume una unidad, le entra a todo el paquete. Qué bueno que pudieramos llevar este producto a los festivales que en torno al pan se celebran en diversas latitudes, que entre otras cosas la planta de su origen es solo endémica en esta región de Colombia, algo que nos podría representar en cualquier evento culinario y que en cierta medida falta reivindicar a nivel internacional. Es sin duda un potencial de exportación al que falta mayor difusión y mayor presencia internacional, en un mundo que busca alternativas alimenticias.

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