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25 Julio

Hasta cuándo los líderes

Escrito por  DIOGENES DIAZ CARABALÍ

 

Todos los días, elegido este gobierno, nos enteramos del magnicidio de un líder social. Es una eliminación sistemática de quienes lideran procesos sociales comunales y de reivindicación para sectores muy desfavorecidos. Se escucha la sentencia desprevenida: “no te metas en lo que no te importa”; es decir, a los asesinos, no a quienes disparan, les duele la solidaridad, principio humano básico que nos ha permitido sobrevivir a un mundo hostil frente a amenazas que superan nuestras fuerzas individuales.

Desde luego, el problema no es quien dispara; a ellos les pagan. El sicariato lo heredamos de la lucha contra el narcotráfico; los negociantes de drogas alucinógenas entrenaron a muchachos de origen humilde para que eliminaran físicamente a sus enemigos, y con el desmonte de los carteles quedaron a disposición del mejor postor. El problema son los que están detrás, quienes contratan; políticos, porque es un plan político macabro eliminar a todo aquel que convoque por cualquier causa, a todo aquel que despierte solidaridad frente a un problema. Por informes de prensa, y hasta de entes gubernamentales (llámese Procuraduría), miembros de la Fuerza Pública son los supuestos asesinos, pero ¿quién da la orden? ¿a quién atienden para desarrollar tan nefasto actuar, que ya supera la cifra del par de centenas y aún no se esclarece el primer asesinato?

En un principio se atribuyó el problema a circunstancias baladíes como “Lío de falda”, lo que impide, al parecer con propósito, el avance de las investigaciones. Hoy, cuando se hace imparable, la autoridad no tiene la menor idea de dónde parte la orden, y el dinero para las ejecuciones sistemáticas que se continúan presentando pese a la consigna del presidente: “Ni uno más”.

Desde antes de elecciones se advirtió de lo nefasto que podría resultar un gobierno de ultraderecha, de corte neofascista, con ánimo de exterminar todo lo que no tenga coincidencia con sus postulados. La polarización y el miedo hicieron que se eligiera, con las consecuencias a la vista. Sectores muy radicales de la derecha han llegado al poder, alientan la violencia y la agresión a todo aquel que se ubique por fuera de su ideología. Satanizan a las personas que no comulguen con sus postulados de “Seguridad”. Alienta a quienes con intereses oscuros quieren perpetuar a individuos comprometidos con un plan de derechización total, con una “República Conservadora” que desconozca la multivisión, poli-culturalidad, la pluri-etnicidad.

Esas personas, cuyos nombres campean abiertamente en medios y redes sociales, son sin duda quienes dan la orden de matar; quienes, desde credos, desde posiciones políticas, desde favorecimientos económicos, han ordenado exterminar a los líderes sociales, en un genocidio equiparable al nazismo puro, porque se creen de raza superior. Y mientras no cambie esta condición de gobierno, con ánimo de exterminar a todo lo que le parece abominable, la masacre no va a parar. Seguiremos asistiendo al funeral del país, al entierro de las personas que sienten la solidaridad como una manifestación natural, a la muerte de quienes propenden por un mundo mejor para sus paisanos y sus familias, sin que el gobierno haga nada, porque permanece imbuido en ínfulas de salvador, en un país que se abisma por un precipicio inatajable.

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