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09 May

Las drogas y el “Plan Colombia”

Escrito por  DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ

 

¿De qué ha servido el “Plan Colombia”? De nada, sería la respuesta. Aunque ha servido para que los Estados Unidos vendan armas, convencionales o nó, por un lado al gobierno colombiano, por otro lado, provenientes de particulares gringos, a las organizaciones mafiosas, además de las concesiones que el estado tiene que hacer sobre los recursos naturales, porque los gringos no dan puntada sin dedal.

Gobierno tras gobierno, desde Andrés Pastrana, se han copiado al pie de la letra las orientaciones del Pentágono sobre la guerra contra las drogas, un problema apabullante al que los mismos Norte-Americanos dieron inicio, pues fueron ellos quienes introdujeron la marihuana, la amapola, y las técnicas para el proceso de la hoja de coca a nuestros países.

Tras cada informe que el estado colombiano tiene que rendir, tras cada análisis que el Departamento de Estado hace, el tamaño de los cultivos aumenta. Nosotros hemos puesto los muertos, cientos de compatriotas encarcelados, miles y miles de nuestros jóvenes sumidos en el consumo, y muy pocos tienen una mirada diferenciadora del problema, muy pocos han tenido la cordura de plantear el problema no desde la guerra, sino desde la capacidad integral de resolver el problema del cultivo, la maquila, el comercio, el consumo, es decir desde una visión de paz.

Es por tanto necesario un cambio de estrategia total, en una política de paz que quite capacidad política y organizativa a las organizaciones mafiosas en los territorios: para ello es necesario llevar al habitante de las zonas productoras a una integración productiva desde la legalidad.

Como consecuencia, vincularlos a la vida social, cultural, política y económica. Si uno recorre las zonas cocaleras permanecen allí situaciones de postración, de desigualdad, de carencia de bienes y servicios elementales. En esas zonas el transporte lo realizan a lomo de mula, no cuentan con energía eléctrica, no existe centros educativos integrales, la autoridad es el cura católico o el pastor protestante. Hay una total ausencia del estado, y el ejército y la policía trata a los habitantes como sus enemigos que hay que dar de baja o capturar.

 Se necesita la mitad de una hectárea (4,000 metros cuadrados) para lograr un kilo de cocaína. Es decir que por cada gramo de coca se destruyen cuatro metros cuadrados de selva. Por  lo demás, se gastan 100 kilos de hoja de coca, 1 galón de ácido sulfúrico, 2 kilos de carbonato de sodio, 10 galones de gasolina, 6 kilos de carbonato de calcio, 60 litros de agua, y unos 50 jornales, lo que quiere decir que es un proceso que se realiza a la vista de todos, donde el único que no se entera es el gobierno, quien en su “guerra contra el narcotráfico” se conforma con incautar unos pocos alijos, y meter a la cárcel a unos cuantos campesinos ignorantes, obligados por necesidad a emplearse en el negocio, financiado muchas veces por las mismas mafias también gringas.

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