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03 May

Si Héctor Polanía viviera

Escrito por  ROBERTO CASTRO POLANÍA

 

Si Héctor Polanía viviera, en diciembre hubiera cumplido 94 años; la misma edad a la que murió su madre, doña María Antonia Sánchez. Nadie se hubiera sorprendido de verlo llegar a esa edad en buena salud pues, a decir de un médico que participó en la necropsia, “si no lo matan, Pola nos hubiera enterrado a todos”. A sus 76 años poseía la lucidez que le permitió saber que el hombre que sucedería a Andrés Pastrana se llamaba Álvaro Uribe Vélez. En marzo de 2001, cuando Uribe apenas empezaba a figurar en las encuestas con un modesto dos por ciento, Héctor Polanía declaró para la prensa regional que su voto sería por el senador y ex gobernador de Antioquia. Así se publicó en titular destacado. Por eso quizás lo asesinaron. Nunca se supo. Nunca se sabrá. El crimen que le arrebató la vida al gran laboyano se quedó en la impunidad. Fue asesinado el martes primero de mayo, a la una y media de la tarde, hoy hace 18 años.

Mucho se ha dicho y escrito sobre la vida y obra de Héctor Polanía Sánchez. Sus ejecutorias como administrador público son de dimensiones sorprendentes por su visión, abundancia y permanencia. Sus habilidades diplomáticas, su fino olfato político y su claridad mental le granjearon desde temprana edad innumerables y muy importantes relaciones en el mundo de la política, la economía y el arte. Fue mecenas de jóvenes ambiciosos que hoy en día son consagrados artistas y meritorios profesionales. Yo creo que todo aquel que cruzó su camino con el de Pola, lo recuerda con gratitud y honra. Yo creo que hasta sus enemigos lo recuerdan con respeto. Por eso la gente buena no lo olvidará. No consiguió la maldad con este cobarde asesinato, borrar de la memoria colectiva el recuerdo de Pola. Héctor Polanía Sánchez tiene un sólido sitial en la historia del Sur del Huila. No podrá ser suprimida a balazos su presencia, como quisieran los cobardes asesinos que suprimieron su presencia física. Fue derrotado en una de sus más fieras batallas. Era la única forma en que este gladiador pudiera ser vencido, a balazos.

Si Héctor Polanía viviera quizás no estaría sorprendido por el rumbo que tomó la política nacional, pues nadie como él conocía el carácter voluble y permeable de la clase política colombiana. La “repugnante ralea del narcotráfico”, cuya presencia en los escalones del Capitolio Nacional denunciaba con vigor en los ochentas, ya se encuentra apoltronada en las curules que se ganaron en los acuerdos de La Habana, impuestos en contra de la voluntad del pueblo. El mundo criminal de la Colombia del siglo 21 se consolidó bajo el despótico poder de las guerrillas comunistas. El narcotráfico ya no es una actividad criminal independiente y paralela del secuestro y la extorsión, sino su actividad principal y fuente primaria de su enorme poder económico y político.

Si Héctor Polanía viviera , quizás no hubiéramos padecido esta decadencia de la economía regional. Pola tuvo una visión del Sur del Huila posicionado como destino turístico mundial, con una red de carreteras que cruzan paisajes pintorescos y se asoman a cañones espectaculares, rodeando el santuario custodiado en Ullumbe; el que ha sido visitado por peregrinos de toda la América del Sur, desde varios siglos antes de nuestra era. Ahora el Sur del Huila se encuentra incomunicado del mundo por carretera. Si así están las vías principales, imagínense como están las secundarias. ¿Qué esperamos?

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