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02 May

Prioridad de los próximos alcaldes

Escrito por  GABRIEL CALDERÓN MOLINA

 

Los programas de los alcaldes deben contener ante todo, y como prioridad, la solución de aquellos problemas que más afectan a los ciudadanos en su trajinar cotidiano y en el desempeño de las actividades de las cuales depende su trabajo, su movilidad, la educación de sus hijos, la salud, los servicios públicos y su bienestar en general.

Pero en estos tiempos, la seguridad ciudadana debe pasar a ser la primera prioridad en muchos municipios. Nunca antes, como ahora,   la inseguridad generada por los atracos callejeros, puentes peatonales, espacios públicos, asaltos a buses, la extorsión y el robo de residencias, está golpeando a diario la tranquilidad de los transeúntes, finqueros, empresarios y los hogares. La prensa y los demás medios de comunicación registran todos los días la degradación innegable de la seguridad en casi todo el país, lo cual permite ver la incompetencia de las autoridades policivas y de la justicia para combatir y detener este problema que a todos nos agobia y nos desespera. Salir a la calle en estos tiempos es un riesgo, así se haga en un vehículo por que se está expuesto a que le rompan los vidrios con fin atracar los pasajeros.

Según el periódico El Tiempo del pasado 21 de este mes, en lo que va corrido del año en Bogotá aumentaron las denuncias por   extorsiones en un 47% y en todo el país en el 12.5%. En el Huila los periódicos la Nación y el Diario del Huila y demás medios de comunicación informan todos los días sobre hechos de inseguridad en Neiva, como lo informó la Nación el pasado miércoles, y en Pitalito, Garzón, Campoalegre y en casi todos los municipios del departamento demostrando que la inseguridad se viene incrementando, en buena parte porque el uso irresponsable y sin control de la autoridad de las motocicletas, facilita que se cometan toda clase de ilícitos que afectan la vida ciudadana. El atraco por celulares, que muchas veces se comete asesinando a las víctimas, y la extorsión a pequeños comerciantes, empresarios y finqueros, son los delitos más comunes en todo el país. La extorsión muchas veces se comete desde las cárceles, como a menudo   lo han informado los medios de comunicación.

Lo cierto es que la inseguridad se viene incrementando. Son muchas las personas que, sin miedo a la autoridad y la justicia, se dedican de tiempo completo al robo. Nunca puedo olvidad el día que a una niña de poca edad le preguntaron en un centro escolar de los barrios del sur de Neiva, en qué trabajaba su papa. La respuesta, llena de ingenuidad, fue que trabajaba robando. ¿Estamos, entonces, frente a la cultura de lo ilícito, de lo dañino a la sociedad?

Los colombianos no podemos seguir indiferentes ante la inseguridad generalizada que se percibe y se vive por todas partes. Sin seguridad no tenemos país, no tenemos paz ni porvenir. Sin seguridad no hay lugar al desempeño normal de las actividades productivas ni al disfrute de los bienes públicos y privados que se han construido a lo largo de los años.

Los aspirantes a ser alcaldes, tienen en la búsqueda de la seguridad para los habitantes de sus municipios, un reto que no   puede ser omitido como prioridad en sus programas de gobierno. Los hechos están a la vista. Los votantes no podemos pasar desapercibido este compromiso de los que desean servirle a la administración pública desde las alcaldías.

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