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23 Enero

La cagada del ELN

Escrito por  DIOGENES DIAZ CARABALÍ

 

Un acto terrorista no tiene justificación. Y éste de la semana pasada, que comprometió la vida de jóvenes estudiantes de la Escuela de Policía “General Santander”, empeora el significado de la acción. Los actos de los grupos armados en Colombia han ocurrido con la marca de impedir que cualquier otra perspectiva política, que no sea de la derecha corrupta, pueda formarse, crecer y convertirse en opción de poder que saque al país de la dictadura de grupúsculos neofascistas apoyados por conglomerados económicos que se atreven a robarse más de cincuenta billones de pesos por año en coimas, peculados, falsas comisiones, contratos amañados, sobrecostos, sueldos injustificados como los de los congresistas, altas cuotas pensionales para sostener a unos pocos que se favorecen del sistema pensional en perjuicio de la inmensa mayoría (apenas el 20% de los colombianos logran pensionarse).

Nuestra pseudodemocracia está agenciada por expertos venidos Harvard para robarse el erario público y gobernar para beneficio del monopolio de dos personas apoyadas por sectas neonazis que se esconden bajo el signo de varias “iglesias”. Es el mecanismo que aprovechan para convencer a la mayoría de la población, analfabeta política, con necesidades inaplazables de pequeños subsidios, la subordinan a un pensamiento improductivo y nefasto que mantiene el Status Quo de una nación que se desborona: hace muchos años el país no crece más allá del 3%, el déficit fiscal se vuelve inmanejable, se depende básicamente de la explotación petrolera, la riqueza se concentra cada días más en un grupo reducido de colombianos, los tratados internacionales asfixian la producción nacional.

Fue el daño causado por las FARC en más de sesenta años de violencia, porque cualquier alternativa, cualquier liderazgo por fuera de la plutocracia corrupta era vinculado con el grupo guerrillero. Y hoy, el ELN, juega ese papel de sátrapa al servicio de esa minoría. Hoy, cuando se intenta afincar la paz y la convivencia, con el no poco sacrificio de cientos de compatriotas, casi incontable el número de Líderes Sociales asesinados, aparece la locura incontenible de unos falsos salvadores, para echar por la borda lo que con tanto esfuerzo y tanta oposición de los guerreristas, se ha intentado construir.

Es desde todo punto de vista condenable el aleve acontecimiento que enluta a familias comunes y corrientes, que buscan en las fuerzas armadas una posibilidad de desempeño laboral, en un país donde las oportunidades son escazas, donde los jóvenes se constituyen en la esperanza de padres y hermanos, porque a duras penas 20 de cada 100 bachilleres ingresan a la universidad, y 4 de cada 10 jóvenes egresados de las universidades consiguen un empleo. Asesinaron jóvenes nuestros, de nuestra sangre, de nuestro suelo. Y asesinaron cualquier posibilidad de buscar una alternativa mejor para todos los colombianos, pues le renovaron el discurso a la derecha corrupta y fascista que nos gobierna. Flaco favor para fortalecer la democracia de las Ciudadanías Libres.

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