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03 Noviembre

Crónicas de viaje – La Paella Valenciana

Escrito por  DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ

 

Valencia es una de las provincias autónomas, o autonómicas, dicen los españoles, más desarrolladas del país ibérico. Su capital, Valencia, es una ciudad majestuosa, con innumerables atractivos en su arte arquitectónico, en sus recursos, su Museo del Arte y de las Ciencias es estupendo, cuenta con un acuario marino de los mejores del mundo. Su posición en la parte Sur-oriental de España la hace estratégica, con unas playas maravillosas, de gran riqueza pesquera y una cocina deliciosa.

Su plato más tradicional es la Paella Valenciana, que según José María, el valenciano que nos acoge en su casa de Castellón, se debe comer solamente en casa, y uno  enterarse cómo se prepara siendo testigo ocular de su sazón por obvias razones. Como las empanadas nuestras, que es aconsejable comerlas sólo si uno está enterado de dónde provienen los insumos. Con el argumento de José María, un curtido maestre de hotel que conoce todos los rangos del servicio turístico, murió nuestro deseo inevitable de comernos una Paella en uno de los muchos restaurantes de preferente atención y exquisitos platos, con su promesa de que la comeríamos en su casa, ayudando a prepararla.

Sobre el origen, dicen que un hombre preparó paella para su novia para ganar su cariño. Otros aseguran que se trata de un plato donde se recicla todo lo que ha quedado en la despensa. En español, 'paella' puede ser una derivación de la frase "por ella" o "para ella". Aunque esto pueda ser sólo una bonita historia, hay alguna verdad en esta teoría. En España, cocinar es un trabajo de mujeres. Sin embargo, la paella es cosa de hombres, hecha para una atención muy especial, como lo hizo José María mientras le escuchábamos todas las historias su vida de atender turistas y dueños de hotel, y sobre su temprana experiencia de Pastor de Ovejas, llevándonos con sus narraciones por los senderos de su comunidad rivereña del Mediterráneo.

Dice el anecdotario de la Paella que una mujer, cuando la invasión napoleónica, preparó el plato a un general francés, quien gustó tanto de ella que ofreció liberar a un prisionero si cada día la mujer lo sorprendía con una paella diferente. La mujer logro liberar a 170 prisioneros. De Allí que el recetario de la Paella Valenciana sea tan extenso y exquisito. Pero básicamente está compuesta por arroz blanco traído a la península por Los Páramos (habitantes del Norte de África), conejo (liebre), cordero, chorizo, pollo, y si se quiere productos del mar (camarones, langostinos), azafrán y verduras frescas. Por esta vez, el contenido de la Paella de José María fue arroz, pollo, chorizo, conejo, camarones, judías verdes, alubias y condimentos al gusto, acompañada de una generosa jarra de vino tinto.

El ceremonial del consumo de la paella invita también a volver sobre la tradición oral de los valencianos. Sobre su idioma, que la mujer, Teresa, habla con fluidez, y se refiere con propiedad a su lengua tradicional, criticando la que enseñan en las instituciones educativas, tan salida de su originalidad que está inserta en la antropología y la tipicidad de la gente que habita la ruralidad de la región. Para terminar, quedaba la duda de por qué teníamos que abstenernos de consumir Paella en restaurantes. Porque la hacen con todas las sobras que dejan los clientes, fue la tajante respuesta de José María. Entonces recordé a nuestras empanadas, a las que atribuimos el mismo origen. 

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