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07 Agosto

Chao Presidente

Escrito por  MIGUEL RODRIGUEZ HORTÚA

Se terminó la era Santos. Para unos un gran Presidente y para otros el peor Presidente de la historia colombiana. Los que siempre hemos estado en la tercera esquina, que no odiamos ni alabamos a los presidentes o ex presidentes, esa neutralidad nos permite mirar, si se puede decir con objetividad: lo bueno, lo malo y lo feo de nuestros gobernantes y ex gobernantes.

Hace 8 años por esta misma fecha publiqué una columna de opinión que titule: “Uribe en cuerpo ajeno”. Lo que me decía mi inconsciente como el de gran parte del pueblo colombiano era que Santos sería el mandadero del ex presidente Uribe, por no decir su títere. Pero ¡o sorpresa! A pocos días del inicio de su mandato, Santos cambió la terna para elegir fiscal. Aún los analistas políticos no salían del asombro ante semejante osadía, cuando el recién posesionado Presidente radicó en el Congreso el proyecto de ley de tierras y de victimas con mensaje de urgencia; proyecto que había sido presentado por la bancada Liberal y rechazado por su mentor y antecesor Uribe. Ese sí que fue el florero de Llorente, el que abrió la grieta entre Santos y el uribismo.

Lo cierto es que a este columnista no le quedó otra opción para no quedar tan despistado ante la opinión, que publicar inmediatamente otra columna titulada: “para bien del País, Santos no se parece a Uribe". Los pasos dados por el Presidente Santos desde el primer día de gobierno, empezando por el nombramiento de su gabinete, tenían un magnánimo propósito: hacer la paz.

Mientras Santos y el uribismo separaban cobijas, algunas fuerzas políticas como el liberalismo, independientes y sectores de izquierda aplaudieron las iniciativas de paz de su gobierno. En el escenario internacional las relaciones estaban de capa caída. Santos con su equipo diplomático logró disipar los exacerbados ánimos de vecinos y países democráticos, que tenían puestos sus ojos sobre Colombia por posibles violaciones de los derechos humanos orquestados desde el alto gobierno.

Santos será un político difícil de olvidar, más por sus aciertos que por sus errores. Hacer la paz con las farc, sentar a la mesa de negociación al ELN e impulsar la ley de sometimiento a la justica de las bandas criminales, es su gran legado. Repartir la famosa mermelada y no hacer nada frente a las mafias de la salud encabezadas por las EPS, es el lunar negro de su mandato.

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