All for Joomla All for Webmasters
19 Julio

Baby cultura para la paz ambiental (Tercera entrega)

Escrito por  JORGE ELIECER BAUTISTA RODRIGUEZ, Escuela Superior de Administración Pública – ESAP Colombia

SEGUNDA ENTREGA 

Podemos decir que el discurso de la Educación Ambiental ha sido aceptado como «políticamente correcto» y que existen claros consensos en cuanto a que es necesaria su introducción en los espacios de Educación formal. Sin embargo, más allá de esta claridad en lo que debe ser, se encuentra la realidad educativa que se resiste de muchas maneras a aceptar nuevos paradigmas en su estructura. El concepto de desarrollo sostenible tiene ya un espacio en el discurso, aunque la lectura de muchos tomadores de decisiones es mecánica y poco comprometida.

Por otro lado, existen fuertes inercias en los espacios educativos que funcionan como lastres que serían necesarios identificar y modificar para conseguir una nueva propuesta educativa. Veamos algunas de estas inercias: 

La inercia ecologista.-

Durante mucho tiempo los diseñadores de currículos han planteado (desde luego de manera implícita) que se satisface la necesidad de enseñar ambientalmente impartiendo temas formales de ecología. De esta manera los estudiantes han recibido información exhaustiva sobre ciclos de energía, cadenas alimentarias y relaciones tróficas. Sin embargo, esta información se presenta de manera fragmentaria y sin ningún contexto que le permita al estudiante integrarla en un marco más amplio. 

La inercia disciplinaria.- 

El problema, en este caso, parte de la idea de que un asunto «natural» es un asunto «científico». Por supuesto, dentro de esta tendencia al silogismo, los asuntos del ambiente son problemas que metodológicamente deben ser abordados por las ciencias naturales. Esta visión ha determinado que en los planes y programas de estudio se ubiquen problemas como el de la deforestación dentro de disciplinas que expliquen las consecuencias ecológicas -como la biología-, pero que no discutan las consecuencias sociales o económicas de dicha actividad. 

La inercia metodológica.- 

El cambio hacia un nuevo modelo de desarrollo es un asunto complejo y complejas deben ser las soluciones. Tradicionalmente, en los espacios escolares, se ha seguido una ruta reduccionista en la que los problemas se fragmentan para poder ser analizados. Se habla de métodos universales como el científico y se desdeña la posibilidad de articular una visión sistémica en la que se descubran los diversos elementos que componen un problema.

 La inercia consignataria.- 

Muchas veces, en función de cumplir el programa o de satisfacer algún interés político, los estudiantes son involucrados en campañas periódicas en las que se les indica que ahorren agua o separen la basura que producen. En la mayoría de los casos la actividad emprendida es mecánica y sin ninguna explicación. La diferencia entre estas iniciativas y las órdenes que deben ser cumplidas sin ningún análisis es simplemente de matiz. Los estudiantes frecuentemente no son capaces de determinar cuál es el efecto de su acción y en otros muchos casos no son incorporados al seguimiento. El efecto final (100 árboles sembrados, 200 niños trabajando) se cuantifica en reportes que satisfacen las necesidades burocráticas de los espacios escolares.

La inercia de la evaluación limitada.-

Una de las principales líneas implícitas en la Educación Ambiental es la de dar a luz una ética diferente para abordar y concebir los problemas ambientales. Sin embargo, existen grandes limitaciones en los espacios escolares para identificar y evaluar el desarrollo de estos valores. Siguiendo una tradición en la que los criterios de evaluación son un método para «medir» el conocimiento, los maestros argumentan acerca de la «subjetividad» de la tarea de evaluar la educación en valores y la descalifican inmediatamente asignándole espacios no formales de enseñanza.

La inercia del enfoque propedéutico.-

Otra de las características de los espacios escolares que bloquea las iniciativas de Educación Ambiental es la de adoptar un enfoque propedéutico en el que los niveles primarios se conciben como un paso para los niveles superiores y, en consecuencia, se diseñan programas «a escala» de los que se aplican en el nivel superior. El conocimiento se concibe como un valor en sí mismo y se ignora el (nada ignorable) hecho de que los niveles de deserción educativa en una gran mayoría de los países iberoamericanos son muy altos. Se hace necesario un esquema básico en el que los valores, las habilidades y las actitudes tengan un lugar dentro de esta obsesión enciclopédica.

La inercia de la asepsia.-

Diversos autores consideran que el Estado controla y mediatiza a sus futuros ciudadanos a partir de una selección cuidadosa y aséptica de los contenidos. Más allá de esta visión (que probablemente en algunos países sea exacta y en otros no), resulta claro que introducir elementos de Educación Ambiental para el desarrollo sostenible en los currículos escolares, implica la necesidad de integrar aspectos sociales y políticos. Esta necesidad pugna en muchos casos con no «ideologizar» demasiado la educación. En otro ámbito ocurre algo similar cuando en la escuela se está dispuesto a revisar asuntos de sexualidad desde una perspectiva fisiológica pero no psicológica o social.

La inercia de la localidad y la globalidad.-

Existen miles de niños de los países menos desarrollados que saben que las emisiones de clorofluoroalcanos están adelgazando la capa de ozono. Otros muchos saben que existe un fenómeno de cambio climático. Sin embargo, estos hechos - que con frecuencia son los únicos problemas ambientales que conocen- son ajenos a su realidad y están determinados mayoritariamente por otros países. Por otro lado y en notable contraste, hay estudiantes a los que se les plantea que los problemas ambientales de otras regiones no tienen ningún efecto en su propia localidad.

De esta manera los problemas se fragmentan nuevamente y queda muy poco claro para los alumnos cuál puede ser su participación. Estas son sólo algunas de las inercias a vencer. Desde luego el problema constituye todo un reto que tiene que enfrentarse con propuestas imaginativas y viables que permitan una verdadera inserción de lo ambiental en el sistema educativo. De otra manera seguiremos produciendo generaciones de seres angustiados o indiferentes ante los problemas que viven, lo que proyecta un futuro completamente indeseable para todos. Fedro Carlos Guillen. (1996). Educación, medio ambiente y desarrollo sostenible. Revista Iberoamericana de Educación, No. 11)

Pero reiteremos que hay que diferenciar dos aspectos que suelen confundirse. La educación empieza en la familia y acaba en el colectivo sociocultural al que se pertenece. Está regida por unas pautas de conducta basadas en la lógica, el respeto y la solidaridad, y consiste en aplicar estas pautas. Otra cosa muy distinta es la formación, que es la introducción de diversas materias útiles para el desarrollo del ser humano y, por ende, de la sociedad. Se puede ser exquisitamente educado pero analfabeto y poseer una eminente formación académica y ser un maleducado. La adecuada combinación de ambas cuestiones resulta en sociedades altamente evolucionadas, capaces de regir su devenir y de solucionar, sino evitar, problemas como esta estafa global llamada crisis (véase Islandia, por ejemplo).

Así mismo, creo que el comportamiento de nuestra juventud es resultado de nuestro presente. A nuestros jóvenes no les gusta lo que ven y viven a diario, y menos aún el futuro que intuyen. Sus progenitores están más preocupados por encontrar trabajo, pensar cómo van a pagar sus numerosas facturas o en ganar dinero, que en compartir su tiempo con ellos. Al sistema, tristemente, le interesa que prevalezca la mediocridad sobre la excelencia y se esfuerza para que así sea, contando con nuestra colaboración. Una sociedad mediocre resulta fácilmente manipulable, mientras que los colectivos educados en la positividad, cultivados y poseedores de una sólida formación pueden ser capaces de generar sus propios objetivos vitales, de pensar positivamente, convirtiéndose de ese modo en peligrosos trombos que pueden amenazar muy seriamente el sistema circulatorio del organismo capitalista. (Sergio Torres Jiménez. (2011).

Debemos entonces “educar formando”. En otras palabras si el Baby es educado en valores (respeto, solidaridad, paz, trabajo, honestidad, bondad, amistad, entre otros) y a eso le agregamos las materias (asignaturas) practicas con el ambiente su desarrollo será integral y lleva implícito el desarrollo de la sociedad donde se desenvuelve. Un Buen Ciudadano Ambiental repercutirá en una Buena Sociedad Ambiental.

Y ahí aparecerán las políticas públicas que defino como el instrumento para dar respuesta a las necesidades de la sociedad. Otros teóricos las definen como la “Acción gubernamental dirigida hacia el logro de objetivos fuera de ella misma” (Heclo y Wildavsky. 1974). “Resultado de una actividad de una autoridad investida de poder público y autoridad gubernamental” (Thoening y Meny. 1992). “Es todo aquello que los gobiernos deciden hacer o no hacer” (Dye. 1992). “Para que una política pueda ser considerada como una política pública, es preciso que en un cierto grado haya sido producida o por lo menos tratada al interior de un marco de procedimientos, de influencias y de organizaciones gubernamentales” (Hogwood. 1984); y que dentro de sus elementos están la Acción (práctica, no solo discurso), un Conjunto de Decisiones (decidir que existe un problema, decidir que se debe intentar resolver, decidir la mejor manera de proceder, y decidir legislar sobre el tema). (Subirats. 1994, 41), Utilización de la Autoridad del Estado (genera obligaciones y derechos) y la respuesta a situaciones consideradas como problemas que requieren intervención pública.

Apreciados profesores, de Educación Básica Primaria como base del proceso, hoy es el nuevo día para comprometernos a educar – formar a los Baby ciudadanos del ambiente en pocos años. Si encontramos el apoyo económico publicaremos la “Cartilla: Baby Cultura para la Paz Ambiental”. Presentando como realizar clases en todas las asignaturas con el componente ambiental adicionado. Cito solo dos ejemplos. Un profesor que enseñaba la silaba MA. Tradicionalmente leyendo silabas y palabras cortas escritas en el tablero. “Ma má”, “ama”, “ma”. Pero cuando adicionó el componente ambiental, salió del aula de clase, paseó por el entorno del colegio y descubrió junto a sus Baby estudiantes que existía todo un universo de matas, manzanas, materas, mamíferos, manantiales, palomas, y más maravillas ambientales.

El segundo amigo profesor, enseñaba matemáticas. Su primera percepción era que los números no era fácil relacionarlo con ambiente. Y enseñaba tradicionalmente en el aula de clase, en el tablero, repitiendo, gritando muchas veces la tabla de multiplicar, la del dos (2). Dos por dos igual a cuatro. Preguntaba, y el coro repetía: dos por dos igual a cuatro. Y el volvía en su desgarradora voz a decir; Dos por tres igual a seis…y ya ustedes saben lo que sigue. Le insinué la matemática que el enseñaba pero con ese aditivo de ambiente. Y el discurso cambió, y el bosque le sirvió para decir que dos árboles más dos árboles eran igual a cuatro árboles. Que tres pajaritos más tres pajaritos eran igual a seis pajaritos…y los niños querían que llegara pronto la próxima clase de matemática. Era el mismo ejercicio de aprender a multiplicar, pero en un escenario libre, verde, de trinos de pájaros, del arrullo de las aguas del manantial.

Considero que todos ustedes pueden recrear su asignatura con miles de ejercicios y la asignatura no perderá su esencia; y seguramente, cuando físicamente ya no pueda estar entre ustedes, sus hijos y mi hija, sus nietos y mi nieta podrán ver revoloteando por todo el mundo las mariposas amarillas, las mismas que revoletearon Macondo, el Macondo de Gabriel García Márquez. Muchas Gracias.

 

Referencias:

Corrales Salguero, Antonio Rafael. (2010). Trabajar la Educación Ambiental desde la Educación Física, España. Hekademos, año III, Numero 5, ISSN: 1989- 3558)

Dye, Thomas. (1992) Estudios Políticos ISSN 0121-5167 Nº 33, Medellín, julio-diciembre de 2008: pp. 93-121 en La ciencia política y las políticas públicas: notas para una reconstrucción histórica de su relación. Valencia Agudelo German Darío & Álvarez Yohan Alexis.

Fedro, Carlos Guillen. (1996). Educación, medio ambiente y desarrollo sostenible. Revista Iberoamericana de Educación, No. 11

Heclo, Hugh & Wildavsky, Aaron. (1974) “Acción gubernamental dirigida hacia el logro de objetivos fuera de ella misma”. Cepal.

Macedo, Beatriz & Salgado, Carol. (2007). Educación Ambiental y educación para el desarrollo sostenible en América Latina. OREAL C – UNESCO

Meny, Ives & Thoening, Jean Claude. (1992). Las Políticas Públicas. Barcelona. Ariel S. A.

Meyer, Raúl, « Lo local en la teoría y en la política », Polis [En línea], 22 | 2009, Publicado el 08 abril 2012, consultado el 18 febrero 2016. URL: http://polis.revues.org/2608;DOI: 10.4000/polis.2608

Muller, Pierre. Las Políticas Públicas. 2010. Bogotá. Externado de Colombia.

Oficina Regional de Educación de la Unesco para América Latina y el Caribe. (1997). Actividades de Educación Ambiental para las Escuelas Primarias. Chile. UNESCO.

PNUMA. (2005). ELIMINANDO LOS COP DEL MUNDO: guía del convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes. Ginebra. PNUD.

Rengifo Rengifo, Beatriz Andrea & Quitiaquez Segura, Liliana & Mora, Francisco Javier. (2012). La Educación Ambiental una Estrategia Pedagógica que contribuye a la solución de la Problemática Ambiental en Colombia. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia.

Sen, Amartya. (2000). Desarrollo y Libertad. México. Planeta.

Subirats, Joan. (1994) Análisis de Políticas Públicas y eficacia de la administración. Madrid. Ministerio para las Administraciones Publicas.

Torres Jiménez, Sergio. (2011). Diferencia entre Educación y Formación. Barcelona. El Periódico. www.labuenavida.cc artículo de Miguel López recuperado 16-03-2015

Baby cultura para la paz ambiental (Segunda entrega)

Baby cultura para la paz ambiental (Primera entrega)

 

Visto 264 veces
Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

Su opinión
Escriba su comentario