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24 Junio

¿La inmigración es un delito?

Escrito por  LIBARDO GÓMEZ SÁNCHEZ

 

La oleada de inmigrantes que por todos los rincones del planeta afloran en busca de una mejor vida, en estos días ha sufrido con mayor rigor, el portazo en la nariz que les dan gobiernos retardatarios, que niegan los valiosos aportes que otras culturas han ofrecido en la construcción de sus naciones. Los de mayor notoriedad han sido las jaulas que el gobierno de Trump ha preparado para encerrar a niños, hijos de ilegales expulsados, a quienes separan de sus familias atendiendo las órdenes del Presidente de los Estados Unidos, que optó por criminalizar la inmigración.

El otro episodio se presenta en las costas del mediterráneo, en donde un gobierno de derecha en Italia ha negado el ingreso a puerto, de al menos dos buques cargados de refugiados africanos que desesperados han huido de sus países, arriesgando la vida y la integridad, con tal de escapar de infiernos de violencia, hambruna y pobreza extrema.

En ambos casos, el origen de las circunstancias que han obligado a estas personas a buscar nuevos horizontes fuera de las fronteras de la tierra que los vio nacer, fueron propiciadas por la acción de los gobiernos de los países receptores o sus aliados que han incidido negativamente en el desarrollo de esas Naciones, en el caso de nuestro vecino del norte, la inmigración proviene principalmente de México y pueblos centroamericanos empobrecidos por autoridades dóciles a los dictados del imperio, que los ha expoliado en beneficio de sus compañías multinacionales, situación que ha provocado que se les llame “Republicas Bananeras”; África sufrió por años la condición de colonia de las potencias Europeas,  quienes saquearon sin consideración a sus habitantes, propiciaron rivalidades entre sus tribus para controlarlos y aun mantienen la explotación de sus recursos naturales por la vía de derrocar gobiernos, atizar y financiar a grupos separatistas que desestabilicen la autoridad y les faciliten el saqueo.

Las dificultades internas, se presentan como consecuencia de la inmigración, estimulando a grupos xenófobos que conducen a la segregación y facilitan el reclutamiento de jóvenes que, en su desesperanza, terminan acudiendo al terror  o a la delincuencia; la historia prueba que el camino es la incorporación tranquila de estas civilizaciones, quienes terminan aportando al desarrollo y crecimiento si se les brinda la opción del trabajo y el respeto de sus derechos, tal y como habría que hacer con los nativos, de no ser así los riesgos de múltiples violencias se cierne como la espada de Damocles sobre las cabezas de los moradores del planeta.

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