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10 May

Izquierda o derecha

Escrito por  DIOGENES DIAZ CARABALI

 

En tiempos de  Guerra Fría, el problema social se circunscribía a un conflicto entre la izquierda y la derecha, causa del enfrentamiento “a muerte” que movía a quienes de mi generación nos enfrentamos irreconciliables. Para los estudiantes, las piedras y los trozos de ladrillos fueron las armas; y la policía y el ejército, el rival, representaba y defendía a la “derecha oligarca”, cuyos representantes se veían sonreír tras los vidrios de las ventanas de los edificios públicos. Los más osados se fueron al monte, y nos parecía acto de heroísmo quienes armados con un viejo fusil disparaban contra el “ejército burgués” y el “imperialismo”, motivados por el triunfo de la revolución cubana y los vietnamitas sobre el sistema más poderoso del mundo representado en la fuerza de los gringos. La Unión Soviética y China apoyaban, más moralmente y con propaganda, a la izquierda; mientras los Estados Unidos sustentaban el poder a gobiernos no tan ética y moralmente correctos.

Terminada la guerra fría, con el advenimiento del neoliberalismo como modelo inefable, esa guerra, que parecía juego de niños, degeneró: para los unos, para la izquierda, en pruebas fracasadas. Las guerrillas se convirtieron en carteles mafiosos, gobiernos subterráneos armados por los fabricantes de armas establecieron para-estados que dominaron amplias zonas donde la producción de alucinógenos fue su negocio, lo regulaban, lo fomentaban, lo tecnificaban, crearon rutas protegidas para su comercialización. Mientras tanto los dueños del capital ambicioso se apoderaban de los estados formales, creaban un modelo que garantizara sus ganancias desbordadas, globalizaron sus capitales más que los productos, llevaron a la quiebra la producción nacional, obligaron a los pequeños productores del campo a engrosar las filas de la mano de obra barata. Y los periféricos organizaron bandas mafiosas para competir en el mercado ilegal de las drogas ilícitas por el potencial de mercado de los dueños del capital en los países ricos.

En medio, estaban las víctimas, la inmensa mayoría de la población, con ausencia del estado, problemas tan radicales como la incapacidad para atender sus necesidades básicas. La población crece sin oportunidades de educación, sin acceso al trabajo. En Colombia, quien devenga un salario mínimo es un privilegiado y quien logra obtener una pensión en la vejez es todavía más privilegiado. Nos movemos en medio de potencialidades, pero sin oportunidad de acceder a recursos. La agricultura es la actividad menos rentable, y la producción de alimentos la tarea de más alto riesgo. En nuestros barrios pobres la delincuencia crece, y nos llenamos de normas que nadie cumple.

Es culpa del modelo económico. Esa fórmula feudal de enriquecer a quien más tiene. Esa manera inmoral de aumentar los recursos económicos a como dé lugar, lo que convierte a todo ciudadano en candidato ideal para convertirse en mafioso. Y los demás, los que no tienen oportunidad, candidatos a ingresar a los ejércitos legales e ilegales, en una economía que llama a acabar con el contrario. Esa estructura no la pensó Marx. Es la que tiene que cambiar si queremos una sociedad viable, por lo tanto el marxismo, después de doscientos años, ha sido inútil.

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