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03 Diciembre

Niño bonitos

Escrito por  DIOGENES DIAZ CARABALÍ

Por el solo hecho de que sus antepasados han tenido cargos importantes en el estado, muchos muchachos se creen con derecho a ocupar esas mismas posiciones o superar a sus progenitores.

Son los niño bonitos de la política, los que en los círculos y el ambiente de los discursos lambones llaman “Los delfines”. Son los Uribe, los Pinzón, los Lleras, los López, los Turbay, los Valencia, los Iragorri gracias a las mieles del poder han estudiado en el exterior, en los Estados Unidos o Inglaterra, con autoridad para descalificar, para tratar de ignorantes a quienes por fortuna nos formamos en las universidades locales.

Estos personajes, generalmente jóvenes, son arrogantes, viven en la estratosfera, creen que la realidad del país es la de lugares exclusivos de restaurantes y clubes gomelos, que la cultura del país son las reinas repletas de silicona, las hordas de consumidores de drogas sintéticas, los barristas que desde luego se dan el lujo de ir cuando quieran a ver al Manchester o al Barcelona. Como sus progenitores viven del erario público, y si los ven mal parqueados, una llamada del compadre basta Hola, Juan Manuel, no olvide la embajada de fulanito, el hijo de tal, necesita volver a Harvard.

Son por antonomasia de la extrema derecha porque se han codeado con príncipes, le han ofrecido almuerzo a jeques, han costeado vino de buena cosecha al descendiente más próximo de Onasis, hasta se han peleado una silla cerca al hijo de Putín. Odian a la plebe, odian a aquellos que van al estadio en Popular, o a la localidad más barata en el teatro. Identifican a las personas por su aroma, por el olor de la loción y repudian aquellas de bajo costo.

Son fascistas por convicción. Se disfrazan de religiosos, no conciben que en el mundo pueda haber pobres, odian las minorías sexuales y raciales, sienten asco de los negros y los indios, pero si alguno es homosexual lo presentan como el último Hit Parade del universo. Todo lo hacen por conveniencia: sus matrimonios, sus negocios, sus poses, sus entradas a un culto religioso no importa que sea musulmán, budista, protestante, incluso se abrazan a la Piraquive para demostrar popularidad, y por ningún motivo se pierden una audiencia privada con el papa. Les gusta los medios de amplia circulación, en la televisión salen maquillados para la ocasión, cuenta siempre con un Darío Arizmendi que les da micrófono para plantear sus “ideas supernovedosas”. Desde luego cuentan con millonarios que les financian una virtual recolección de firmas de las cuales pagan pírricas sumas por cada rúbrica hasta llegar a los cuatro millones.

Los Niño Bonitos son los de “Usted no sabe quién soy yo”, tan peligrosos como que delinquen sin que sean llevados a la justicia, o de matar a una niña como la pequeña Yuliana Sambony pensando que el crimen queda impune; son los mimados en extremo por las tías y los abuelos; unos monstruos que temen a la izquierda llamando a sus miembros con motes peyorativos como “Castro-chavista” y odian la palabra Derechos Humanos. Piensan que la verdad revelada está de su parte, alaban el neoliberalismo, los recursos de la nación son para su enriquecimiento, mejor dicho, como decía mi padre, son el mayor peligro social estos culiapretados.

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